martes, 19 de abril de 2011

Emma

“Las cosas empezaron a andar mal cuando Manchas se escapó de la casa…”
Esteban Piranessi

Desde el día que Emma perdió la cartera, nunca fue la misma. Debajo de un higuerón enorme en el parque España, la niña lloraba desconsoladamente mientras los adultos leían poemas sobre amor y desamor en un festival de arte, indiferentes al vaivén marítimo del llanto de su hija. Pero entre esas lágrimas inocentes y la voz y los dientes apretados de los otros, hay una línea continúa pero zigzagueante. La niña no pudo encontrar su cartera con la carta que le regaló su amiga y un par de postales de su cantante preferido.

Y este es el punto de partida de sus ausencias, sus derrotas y sus pérdidas. Tal vez ella no se da cuenta que sus padres ya no están juntos o que Michael Jackson murió hace un par de años. Tal vez, en su cartera ahora perdida yacen los restos de su pequeño recodo de luz, esa a la que se aferra cuando las arañas de la indiferencia y la violencia le acechan en la soledad, en sus juguetes y sus noches sin dormir.

Luego vendrán otras muchas cosas que seguirán mal, perderá al amigo que morirá joven, su padre se esconderá en el trajín de los talleres y le romperá el corazón. Empezará a notar la ausencia del hermano que nunca tuvo ni tendrá, empezará a querer a su novio del cole hasta que un día él le dirá que se vaya de la casa. Un par de bolsas negras -de esas de plástico- con libros, discos y ropas enmohecidas serán todo su patrimonio. Él se encargará de sumar otra ausencia y otra derrota, y será tan cruel como para borrar hasta la imagen del amor que alguna vez tuvieron pero ya nunca más volverá, una nueva cartera que coleccionó pequeños matices del amor pero que también se perderán por la violencia de él y del tiempo. Le hundirá fragmentos de vidrio en su vientre de cisne blanco hasta que la sangre le manche las plumas y le obligue poco a poco a cubrir la ausencia con furia o resignación. Y también se irá el padre de él, el que ella nunca tuvo y las llamadas en diciembre serán sólo ecos de la muerte. Y un día tendrá que decirles a los hermanos de él, aquellos que le enseñaron el oficio de la solidaridad, que ya no les puede ver porque la sangre de su pecho blanco ya no le alcanza para más.

Y vendrán otros a sumarse a su lista de derrotas, un día perderá a su propia madre, verá a los amigos de la infancia alejarse por un camino lleno de gente, su perro morirá sin que ella se entere y le dirá adiós -sin siquiera titubear- a ese hombre alto de los ojos grandes y tiernos pero confundidos. Ella, cada vez más sola y más distante, empezará a coleccionar ausencias como quien recoge postales, con la misma frialdad de quien ya ha visto casi todo. Y un día, mientras espera para leer sus poemas, soltara los puños y los dientes para ir a abrazar a la hija de su amiga que llora sola en el parque.

Ferdonello Gueco (Felo)
La Boca del Monte, 18 de abril de 2011.

Saturno devorando a un hijo

Es algo bastante común que en sus oficinas los ministros o diputados exhiban un cuadro o una fotografía del Presidente o de la figura política que admiran. Por ejemplo, entiendo que un cierto diputado herediano tiene la foto del Ex Presidente Óscar Arias en su despacho legislativo. A mí me gustaría proponer que en esos espacios públicos, aunque sea en un rincón, también exhiban la pintura de Francisco de Goya titulada Saturno devorando a un hijo.

El cuadro pertenece a la época de las pinturas negras de Goya y según el sitio web del Museo del Prado representa el miedo a perder el poder. Otros especialistas sostienen que es una pintura psicoanalítica y otros que es una representación del avance del tiempo y el miedo a la muerte. Creo que en el fondo todas esas interpretaciones están relacionadas, pero la recomendación de decorar las oficinas públicas con ese cuadro es obviamente una advertencia sobre el ejercicio del poder.

Hay una frase famosa de Lord Acton que dice que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Mucha gente suele repetir esta frase, pero a mí la verdad no me gusta. Su uso descontextualizado para una dinámica tan compleja como la política me resulta simplista, pero sobre todo no creo que sea cierto que necesariamente el poder corrompe. El poder nace de una relación desigual entre dos sujetos que posibilita a uno de ellos a condicionar el comportamiento del otro, ya sea para impedir que se hagan cosas o para obligarle a hacer su voluntad. El poder también se puede utilizar para condicionar los deseos del otro. Pero el ejercicio del poder también permite que la institucionalidad se dirija en una determinada dirección y hace posible que se concreten proyectos como por ejemplo organizar un festival de artes, proteger un bosque, construir casas de interés social o escuelas, vetar la minería o la explotación petrolera y tener museos donde se exhiban pinturas como la de Goya. Ninguna de estas iniciativas se puede realizar sin poder.

Si uno tiene en mente la pintura Saturno devorando a un hijo y luego se entera de la historia de Aung San Suu Kyi en Birmania , entiende el valor de su visión distinta del poder: "…No es el poder lo que corrompe sino el miedo. El miedo a perder el poder corrompe a los que lo tienen y el miedo al azote de quienes lo ostentan, corrompe a quienes están sometidos." Entonces se piensa en Egipto, en la corrupción de Mubarak y en los valientes que vencieron el miedo a los azotes. Y puede ser que el ejemplo de Túnez y Egipto se extienda a otros países y que la valentía de los dominados motive a otros a la rebelión contra ese ejercicio del poder desaforado, violento y corrupto. Ojalá (para usar una palabra de origen árabe).

Cuando se analiza la situación política de Costa Rica también se puede pensar en la pintura de Goya y en Aung San Suu Kyi. El gobierno de Laura Chinchilla está luchando contra ese gigante de Saturno que la tiene aprisionada, ya le ha comido la cabeza, un brazo entero y una mano por donde gotea sangre. La pintura es clara, la fuerza de las manos de Saturno es tremenda y le hunde las uñas en la cintura, que por cierto a mí me parece de mujer. Saturno está viejo, tiene los ojos desorbitados y en su rodilla izquierda se muestra una especie de vendaje. Es evidente que Saturno tiene miedo de perder el poder y eso lo lleva a corromperse en sus intentos desesperados para seguir en el control. Ese parece ser el caso Ben Alí, Mubarak, Gadafi pero también del liderazgo clientelar de los hermanos Arias y su séquito liberacionista.

Pero en realidad ya no estoy tan seguro de si en la pintura, el hijo o hija que está siendo devorada es Laura Chinchilla. También se me ocurre pensar que más que una lucha interna por el control de la clase dominante y por ende del país, estamos frente a unos intentos desesperados para seguir gobernando como si el país fuera una finca dirigida por gamonales del siglo XIX. La forma que en la actualidad tiene la mordida de Saturno es el descrédito de lo público, la corporativización de la política y el beneficio de unos pocos. La cabeza que le falta al hijo de Saturno es el desastre ambiental, las personas que murieron en el derrumbe de San Antonio de Escazú por la desidia oficial, la persona que será atropellada en la carretera a Caldera por la falta de puentes peatonales o simplemente la violencia estructural y la desigualdad social. Saturno nos robó lo público, la institucionalidad social y quién sabe cuántas cosas más. O tal vez tenemos miedo al azote y permitimos que nos sigan devorando, no sé, pero no me gusta que nos entierren las uñas en la cintura ni que nos arranquen la cabeza.

Felipe Alpízar R.
La Villa de la Boca del Monte, San José.
22 de febrero de 2011.

El Malacrianza y el montador; la palabra y la dominación.

Mientras el planeta se nos descompone, algunos ambientalistas nos llaman a pensar de la misma manera como lo haría la naturaleza, a imitar sus formas, a entender sus equilibrios, biomímesis le llaman. Claro que esto no es nada nuevo, hace siglos -por ejemplo- muchos grupos indígenas americanos organizaban sus campos de cultivo de forma que existiera diversidad de plantas para que así su huerto pareciera más bien un bosque. En cualquier caso, uno se pone a pensar en el presente y cómo esta metáfora nos puede servir para entender algunas cosas.

Entonces uno se topa con varias noticias de los toros en Zapote y recuerda la historia del Malacrianza. Este toro es un animal de 700 kilos, de color negro en su cabeza y blanco en el lomo. Creo que los entendidos en la materia lo llamarían un toro pinto. Cuando lo llevan al redondel debe soportar el pesado viaje desde playa Garza (Guanacaste) para luego ser montado por un hombre que clava las espuelas en su lomo, mientras otros ajustan el pretal y por si el toro no fuera bravío le dan un acicate eléctrico considerable. Y uno no se explica por qué las personas van a los maltrechos redondeles de este país a ver ese espectáculo tan extraño pero luego uno oye comentarios de admiración por el toro, que a menudo gana en su faena. Dos montadores han muerto ya en sus lomos.

Entonces se piensa en la metáfora de la biomímesis, ¿Qué significaría pensar como un toro, en especial como el Malacrianza? Sin duda, el toro es un animal completamente ajeno a su destino, atado por mecates o cercado por un corral, probablemente destinado a convertirse en un trozo de carne en nuestra mesa o tal vez a ser el padrote o semental de muchas vacas nacidas para ese gastronómico fin. Tal vez su bravura lo ha salvado de una muerte prematura. La verdad, no creo que el Malacrianza piense ninguna de estas cosas, de hecho ni siquiera se debe dar cuenta de su absoluta heteronomía, de la dominación que sufre desde que nació.

Algún politólogo diría que el ejercicio más perfecto del poder se daría en aquella situación en la que la persona dominada ni siquiera es consciente de que su dominador configura sus deseos y le impone así un destino distinto a aquél que escogería si estuviera en libertad. Es la visión radical del poder que además define la dominación como aquella situación en la que se le impide a una persona vivir plenamente y satisfacer sus necesidades básicas según su voluntad.

Sospecho que quien postuló esa visión del poder estaría encantado de analizar el caso de Costa Rica, el país de la dominación simbólica y del poder perfecto, sutil pero implacable. No hace falta policía ni ejército para dominar a este país, para eso tenemos los medios de comunicación que sirven de plataforma y re-producen los discursos ideológicos que nos mantienen dominados. Basta que lo diga Repretel, Canal 7, La Nación o la Extra para que muchos crean que esa noticia o ese enfoque es una verdad absoluta que luego defienden como si fuera su opinión personal. Sí, como loras, para seguir con la metáfora, en fin…

El Malacrianza tampoco entiende por qué lo llevan a ese redondel, por qué le atan un mecate al lomo, por qué alguien le clava una espuela en su barriga, por qué lleva una vida tan miserable. Pero algo le incomoda, el montador para ser exactos. Y basta que el Cañero diga “puerta” para que el Malacrianza empiece a sacudir sus 700 kilos de músculo y furia hasta dejar tendido sobre la arena al pobre valiente que pensó que lo podía dominar. O pobre imbécil, no sé.

Creo que los espectadores sentados en las tablas de madera del redondel sienten más admiración por el toro que por el montador. Tal vez en el fondo saben que el bravío toro sólo hace lo que resulta lógico: que si a uno lo encierran, lo montan en un camión inmundo, le clavan una espuela y le meten un chuzo eléctrico lo único que queda es pegar brincos y usar los cuernos para tratar de quitarse de encima ese peso que le molesta. Creo además que el dueño del Malacrianza atinó en ponerle ese nombre, porque un toro que se rebela tanto es uno que rompe con lo que le han enseñado, seguro sería seguidor de Althusser.

Tal vez la palabra sea como una cornada contra la dominación, tal vez nos podamos rebelar contra la agenda de temas que nos imponen los medios. Porque así como el montador puede parecer un imbécil, la agenda de la opinión pública de este país también. Y empezando por lo de Isla Calero, se me ocurre que tal vez podamos poner al Canciller a montar al Malacrianza y regocijarnos con la tribuna que se pone de pie para aplaudir el momento cuando el toro deja al ilustre Ministro dialogando con la arena. Tal vez hasta tengamos que llamar al Chirriche y a otros famosos y furiosos toros para dar abasto con el afán de rebeldía de la gradería y seguramente tendremos que lidiar con el riesgo de que la lista de montadores se nos vuelva interminable. Tal vez este país algún día se dé cuenta que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo y por tanto tiempo. O tal vez no. Por mientras, podemos pensar en biomímesis y oír la Cumbia del Malacrianza. O enterarnos de las noticias que llegan desde Túnez y Egipto.

Felipe Alpízar R.
La Villa de San José de la Boca del Monte,
17 de enero de 2011.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La geografía del deseo y el exilio

Crecí en un país en guerra. Desde mi oscura fragilidad de niño oía a menudo el retumbo de las bombas, las paredes agrietadas, el polvo en la mesa de la cocina, la violencia colgando de un clavo a la entrada de la casa. La guerra empezó varios años antes de mi nacimiento y aunque no se concebía tregua alguna, supongo que en uno de esos momentos cuando los cañones toman un respiro y los soldados buscan sus amantes, mis padres aprovecharon la oscuridad de una noche sin luna para amarse como si no existiera la guerra.

Pero la guerra volvió y nos transformó a todos en mujeres, niños y hombres oscuros, torpes, con un sabor amargo en la boca y sin otro oficio que la violencia constante y cotidiana en la tele, en el carro, en el parque, en el corredor. Yo sabía que mis padres pertenecían a bandos distintos, eso al principio no parecía importar pero a menudo el padre de mi madre venía a la casa y nos encerraban a nosotros en un cuarto, detrás de esas paredes de madera que filtraban las arañas, la luz y los gritos. Casi me parece escuchar a mi abuelo y mi padre discutiendo y mi madre llorando en silencio.

El día que cumplí diez años se acabó la guerra pero para nosotros no hubo bailes en la calle, ni flores, ni besos volados. Aunque el bando de nuestra madre había vencido, para nosotros la única victoria fue el exilio. Un exilio árido, precedido de más violencia, amargura, llantas que chillaban en la noche, vencidos que desaparecían, rebeldes que claudicaban con el destellar de los bombillos. Mi padre estuvo preso seis meses y cuando salió no era el mismo: el brillo de sus piernas, la sonrisa de sus brazos, la alegría de su espalda ya no estaban, se habían apagado. Salimos del país en agosto de 1983 y así fue como perdí mi primera patria, una geografía conocida, la única hasta entonces.

Los años en el destierro fueron duros: añorando un lugar que creo que nunca existió, idealizado por el tiempo y por la furia de la derrota. Los años de la guerra, los meses de la angustiosa incertidumbre, la violenta persecución y la peregrinación por los desiertos helados hasta nuestro nuevo país nos pusieron a los cuatro un peso imposible de llevar. Mi madre murió de pulmonía poco tiempo después de llegar. Mi padre deambulaba por las noches mascullando nuevos odios, conspirando en los bares con otros exiliados y, a veces, cuando el vino le aclaraba los ojos, le oíamos llorar con gemidos constantes pero silenciosos, como el mar de nuestra infancia, hasta que un ataque de asma le hacía volver a ser el hombre enfurecido que salía por las mañanas al taller. Esa violencia, esa amargura, esa rabia nos educó a mi hermana y a mí. Nos pasábamos la furia de mano en mano hasta que su calor nos empezó a parecer normal, un fuego cotidiano.

Te conocí en el primer año de la universidad. Tus grandes ojos negros, tus dos mechones de pelo azul en la frente, tus pantalones raídos. Ya sabía de memoria tu geografía y cuando te empecé a besar con cuidado fue como reconocer la forma de mis manos en tus caderas, mis labios temblorosos, nerviosos y adolescentes que conocían el camino pero tenían miedo de perderlo. Vos venías de un país tropical como el mío, de violentas herencias pero vos habías salido de tu patria siendo apenas una niña. Tus padres –además- habían tenido mejor suerte y se habían marchado de tu país porque a tu madre le habían ofrecido un puesto en esa universidad donde nos conocimos cuando estudiábamos filosofía.

Como cualquier otro apátrida no dudé un momento cuando me pediste que volviera con vos a ese país tropical anclado en el mar Caribe. Siempre me gustó la idea de vivir en una isla, el lugar de tus primeros afectos. Cuando nos casamos, conseguí un pasaporte igual al tuyo y juntos fuimos construyendo esa patria pequeña, llena de flores en las ventanas, de sillones viejos, parques de amigos y palmeras, libros y cocina caribeña.

Nuestros amigos venían a menudo a nuestra casa y bebían ron hasta tarde; yo casi siempre me quedaba despierto hasta el final mientras vos dormías en mi regazo. Por las mañanas, te sentía cuando despertabas y te miraba de reojo, desnuda frente al espejo, espléndida. Nunca me atrevía a salir de las cobijas sólo por temor a romper ese momento de belleza, tu cuerpo a la luz del amanecer caribeño. Vos fingías cubrir tu piel de crema y te reías cuando me descubrías viéndote petrificado. Por las tardes, te esperaba siempre con un café humeante aunque a menudo te sentabas entre el escritorio y mi silla para forzarme a dejar de trabajar. Así fue como descubrí que la patria es el lugar del deseo.

Pero mi padre había seguido conspirando en el exilio y la dictadura que quería derrocar me terminó derrotando a mí de la manera más cruel. El gobierno de nuestra isla no dudó un momento en buscarme para saldar aquella vieja deuda de armas y pactos de sangre entre los viejos dictadores. La policía me invitó a abandonar el país en veinticuatro horas y yo no supe qué hacer.

Me viste partir con la promesa de volver pronto pero en tus ojos había una mirada extraña, como perdida en el horizonte. Desde ese otro lugar te escribía a menudo, hablábamos por teléfono todos los domingos, pero nuestra carga era muy pesada, la distancia muy grande. Toda la furia, el odio y la violencia que había acumulado en tantos años, terminaron por consumir nuestra patria caribeña.

Cuando me pediste que te dejara de escribir, entendí que mi exilio apenas empezaba. Mi padre me animaba a seguir conspirando, a derrocar ese gobierno tirano, a buscar armas y seguir la senda de las montañas. La guerra parecía ser la única salida, era la única melodía que habíamos aprendido. Pero esa canción sonaba a sangre, a pólvora, a madres muertas, a hombres consumidos por la furia, a ventanas que se rompen.

Una noche, durmiendo en la montaña abrazado de mi fusil, soñé con la imagen de tu cuerpo desnudo por la mañana. Yo te veía desde la ventana y parecías feliz, liberada del odio que mi país, mi barrio, mi familia, mi casa habían sembrado entre nosotros. Vos estabas callada pero tranquila y en tus ojos pude recordar esa alegría que alguna vez tuvimos, cuando éramos una pareja de estudiantes, y supe que ese brillo ya nunca más regresaría. Ni mi furia ni tu silencio podrían traer de vuelta ese país que construimos juntos pero que perdimos con el tiempo.

Cuando desperté entendí que ya no podía seguir así. Sin hacer ruido, dejé mi fusil en el húmedo suelo, abandoné el campamento y caminé hasta la costa, llorando en silencio. Me bañé en el mar por mucho tiempo, tratando de lavar la violencia que me había educado, de perder la furia que ahora sí quemaba mis manos. Entendí que el país de nuestro deseo ya no existía y que mi viaje por tus caderas se había terminado. Tu deseo era ahora una frontera que yo no podía atravesar, un muro que no podía combatir sin consumirme en más violencia. Comprendí que no quería seguir ese camino; había visto la mirada vacía y oscura de aquellos que, como mi padre, se habían dedicado una vida entera a la amarga ruleta del dolor.

Preferí volver al exilio para luego construir un país desde otro lugar. La tristeza me acompañó muchas noches. Mi padre murió poco después. Cuando lancé esas flores sobre su tumba, sentí de pronto una paz extraña y silenciosa: ya no se oían las balas pasar, la fuerza de las puertas azotadas, las ventanas rompiéndose, los gritos desgarrando mi garganta.

Todavía recuerdo a menudo tu cuerpo desnudo en la mañana, te imagino feliz, con tus ojos negros brillando en otros ojos. La geografía del deseo me condujo a mí también a fundar otra patria, ese lugar de los afectos donde la ardiente piedra de la furia ya no existe. Ahora me gusta ver los atardeceres y aprendí que en el Pacífico la luz más bella es a las cinco de la tarde.

Ferdonelo Gecko (Felo A.)
La Boca del Monte, San José,
27 de octubre de 2010.

El lugar de tus lunares

Los maullidos del gato le habían despertado una vez más. En ese extraño lugar entre el sueño y la vigilia, le costaba entender qué estaba pasando, porqué el gato seguía llorando. Le parecía que no era necesario, tenía agua, comida, su cajita de arena…

Recordó que la noche anterior se había encontrado con un viejo amigo que sin saber nada le había preguntado por ella. Eso fue suficiente para desbaratar su elaborado pero frágil silencio. Tomó un trago de cerveza, respiro agitadamente, sacó la carta que le había escrito y guardaba siempre en la bolsa de su camisa. El amigo cerró el entrecejo pero no le quedó más remedio que escucharle:
“Casi desde el mismo día que te conocí, supe que te ibas. Entonces ni siquiera me gustaban los gatos, no tomaba té y francamente era ese otro hombre, oscuro, torpe, el que habitaba mi cuerpo. Mis días transcurrían diligentes entre los libros y la computadora, pero el reloj siempre avanzaba a esa hora fatídica de las cinco de la tarde, cuando las heridas queman como soles. Ese día era particularmente malo, creo que era mayo todavía, y la ansiedad, angustia y desesperación me seguían ganando la partida. Decidí dejar mi laboriosa rutina y terminé tomando un café con dos amigas. Luego fuimos a tu casa. Creo que lo primero que me llamó la atención fue tu forma de comer, completamente a destiempo, eran poco menos de las seis de la tarde. Además estaba en un lugar extraño, con gente que parecía vivir como fuera de este mundo. Por supuesto que mi primera reacción fue callarme, guardar mis pensamientos y escuchar. Seguramente parecía un imbécil ahí sentado sin decir nada. Sólo al final de la tarde me animé a decir un par de cosas, recordé a mi profesora viuda y tendí un puente entre tu trabajo el mío: “…si es cierto, la tesis es como una novia celosa...” Cuando nos despedimos, era evidente que algo había cambiado aunque no nos dijimos nada.

Cuando nos volvimos a encontrar yo bailaba con una bella madrileña, que no entendió porque la dejé en plena pista de baile y con mi cerveza en su mano. Vos te acercaste, me dijiste un par de cosas y sin entender muy bien cómo, ya te había dado mi número de teléfono, casi pude oír como mi cuerpo empezaba a despertar. Te fui a buscar el martes siguiente, con miedo y arrepentimiento. La indecisión sobre el lugar adónde ir dio paso luego a una extraña complicidad.

Desde ese día, una fuerza extraña me habita, me domina. En todas mis reflexiones me repetía lo incoherente de mi situación, no me reconocía, no me creía capaz de mis transgresiones. Vos, sin embargo, te fuiste metiendo en todos mis rincones y mis miedos, me leíste completo, me fuiste ocupando como un musgo suave pero diligente. Mis absurdos ideales de amor, mis modelos estéticos y tantas cosas más se fueron resquebrajando bajo la poderosa acción de tu ternura. Tu cuerpo parecía acoplarse al mío con exactitud milimétrica. Perdí la noción del tiempo, ¿fueron semanas o años?

Fuimos a lugares hermosos, jardines de agua con olor a india dormida. Ráfagas de mar despeinaron tu risa, mis besos mudaron el lugar de tus lunares, mis dedos tatuaron tu olor en mis dobleces. Nunca he querido tanto que la carretera continuara eternamente en su negro discurrir.

Una noche, mis ojos se salieron de nuestros cuerpos y entonces supe que todo había terminado. Esa dolorosa capacidad de ver el final de la historia antes de que ocurra me castiga a menudo. Pero, en las gavetas de mi esperanza seguía creyendo que me había equivocado, que esta vez no había visto correctamente el desenlace. Incluso el mar parecía tratar de convencerme de que esta vez estaba equivocado.

Pero un día viniste a mi casa a pedirme que te ayudara a comprar el tiquete de tu viaje. Yo sabía desde el primer día que te ibas, eso incluso parecía una especie de alivio para mí. Pero las formas misteriosas a veces imitan a dios y al final nada es lo que parecía ser al principio.

Busqué alivio en la meditación, separé mi cabeza del tumultuoso batir de alas de los zopilotes sobre el cadáver y traté de resolverlo reflexivamente. Pero tu ternura estaba grabada en mi lado más humano, tu cuerpo era por supuesto un cedro sembrado en mi recuerdo, tu intensidad y tu inocente tristeza eran más fuertes que mi capacidad de abstracción.

Hoy te fui a despedir, haciendo un esfuerzo para no quererte más, mi cuerpo alerta, todas mis defensas concentradas en la racional batalla de olvidarte. Pero tu alegría, tu risa, los pétalos de tus hombros, los lunares que te sobrevuelan como constelaciones de deseo que buscan un lugar adonde acurrucarse en tu espalda, son más fuertes que yo.

Sé que mañana te vas, siempre lo supe. Entiendo que nuestro transitar fue bello, que cada sonido de tu risa es una bendición para mí, que cada milímetro de tu piel me ha hecho más grande. Te toca viajar, irte, crecer aún más, reacomodar tus ilusiones y perder tus fantasmas. Otras manos recorrerán tu ternura, bañaras otras costas con tu mirada, tus pétalos crecerán bajo otra luz.

Fue bello, eso también lo supe desde el primer momento, el tránsito de tu ternura por mi cauce desvió mis aguas hacia playas más felices. Ahora el denso fluir de los besos renacerá en nuevas espirales…”

El gato me volvió a despertar, esta vez del recuerdo, los maullidos constantes. Lo subo a mi cama, le explico lo que pasó y lo entendemos todo: que el amor es un pacto, un tránsito dialéctico de imposible cadencia, hermoso pero finito. Duele pero trasciende. El gato maúlla, yo escribo, pienso en una espiral, el ciclo del agua que se repite pero nunca es igual, nunca vuelve al lugar inicial. Pero renace, también tiene el don de renacer. Eso es lo único que importa ahora.



Ferdonelo Gecko (Felo A).
La Boca del Monte, San José.
setiembre de 2010.

jueves, 22 de julio de 2010

El beso del Ganges

Seguí tu cauce, agua de néctar que destruye mi tristeza, y me llevó hasta la ciudad. Practiqué mis transparentes habilidades para abrazarte con mis labios y alguno me dijo que tu morada húmeda estaba cerca. Entonces me decidí a mandarte un beso volado y sin coordenadas pero como la neblina que acaricia las altas montañas se dispersó por el aire.

El recuerdo de tu cuerpo tatuado en mis dedos sirvió para encauzar su rumbo, intuía la cercanía de tu risa, pero aún así no fue suficiente para encontrar tu naciente y al fin la turbia ciudad logró confundirle. Sobrevoló los techos, copas de árboles grisáceos, carreteras de negro discurrir, pero como un hilo de agua confundido en un pastizal de verano, se fue secando, fue perdiendo fuerza y altura.

Entonces se decidió a buscar algún otro rostro de mujer, mejilla fecunda para su rocío, y se estrelló cerca de la comisura del labio derecho de una estudiante que pasaba por ahí. La joven sintió una ráfaga de húmeda calidez, se sonrió y pensó sonrojada que tal vez su novio también la estaría deseando.

Nunca entendió que ese beso, flor de nube, sólo pasaba por ahí, perdido, confundido por el derretido fluir de los glaciares himalayos, altas cumbres de pasión. Pero tampoco importaba mucho no saber, la humedad placentera que le subió por el cuerpo fue lo mejor de ese día. Además, el beso podía continuar así su incesante ciclo de agua.

Ferdonello Gueco (cc: Felo Alpízar)
San José, 14 de julio de 2010.

miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Otros entretelones del aumento de salarios de los diputados(as)?

Felipe Alpízar R.

La discusión sobre el aumento en el salario de los diputados(as) y su aprobación el pasado lunes 24 de mayo ha provocado una oleada de indignación. Numerosos artículos de opinión en la prensa nacional, comentarios en las redes sociales e insultos callejeros dan cuenta del malestar ciudadano en contra de los(as) legisladores y la propia Asamblea Legislativa. ¿Pero será esto realmente un acto de torpeza, una tontería, una muestra de pésima estrategia política?

Una premisa básica de la sociología política práctica dice que uno no puede suponer que los demás son más tontos que uno mismo. Es decir, que si cualquiera de nosotros se da cuenta de que el gobierno y sus aliados están cometiendo un tremendo error de cálculo político es evidente que ellos también lo saben. Entonces, ¿por qué siguen adelante con el aumento? La primera explicación posible tiene que ver con el característico autismo de nuestra clase política, esa condición patológica de desconexión con la realidad de la que sufren muchos miembros de los partidos políticos tradicionales. Si a esto se le añade la soberbia como rasgo fundamental del liderazgo ejercido los últimos cuatro años, uno podría pensar en estos dos elementos como una explicación posible: no se dan cuenta y si lo hacen no les importa.

Pero aún cuando esto sea cierto, este acto tendrá otras consecuencias, varias de ellas premeditadas. Y seguramente los estrategas del Partido Liberación Nacional y los grupos económicos adyacentes saben muy bien cuáles podrían ser esos efectos. Si algo ha caracterizado a los grupos dominantes es su capacidad de análisis y sus habilidades como estrategas políticos agudos.

Por un lado es evidente que estos hechos desprestigian a los legisladores que han apoyado el aumento, pero también deslegitiman a la Asamblea Legislativa en su conjunto. Esto viene pasando desde hace mucho tiempo, de hecho forma parte de una tendencia global que intenta desprestigiar todos aquellos espacios donde se ejerce la política dentro de reglas relativamente democráticas. ¿Adónde está la oposición al gobierno? ¿Cuál poder se supone que hace contrapeso al Ejecutivo? ¿Adónde se sientan los representantes electos que son críticos con el gobierno y los grupos económicos? Todas esas preguntas, como ya sabe el lector, se responden fácilmente: en la Asamblea Legislativa. De esa manera parece bastante evidente que desprestigiar al Congreso en su conjunto, aunque eso suponga el suicidio político de sus propios legisladores, es una maniobra bastante sensata desde el punto de vista de la clase dominante, es decir el PLN, PML el PUSC y los grupos económicos ligados a la economía internacional. En resumen, la práctica del serrucho, de safarle la tabla y desprestigiar a la Asamblea Legislativa favorece al Poder Ejecutivo y a los poderes económicos (el poder de facto detrás del trono) del país.

Por supuesto que alguien podría responder que el gobierno también necesita al Congreso y que no le sirve una Asamblea Legislativa desprestigiada. Eso puede ser cierto. ¿Pero cuáles leyes que interesan al Gobierno y a la clase dominante aún faltan por ser aprobadas? Por ahora sólo se me ocurre el proyecto de ley para abrir el mercado eléctrico, pues casi todas las demás ya fueron aprobadas en el marco del CAFTA. Pero de todas formas un Congreso desprestigiado pero con mayoría –como el actual- puede aprobar estas leyes. El otro tema supuestamente en la agenda es la reforma fiscal, pero uno pensaría que este asunto tampoco interesa al gobierno ni a los grupos económicos dominantes que dada la estructura tributaria del país pagan pocos impuestos. Como el ejercicio del poder también implica evitar que ciertos temas se discutan o se ejecuten ciertas reformas, parece lógico pensar que en este momento existen fuertes presiones para evitar una reforma fiscal progresiva. De nuevo, se podría suponer que el aumento de los salarios de los diputados(as) le resta legitimidad a la Asamblea Legislativa y debilita las intenciones de realizar la reforma fiscal, pues parece poco probable que el ciudadano común les crea cuando nos digan que hacen faltan sacrificios o que no hay dinero en las arcas del Estado.

Que la política es como un gran teatro, que algunos actores representan ciertos papeles y que existe una especie de guión con una intencionalidad, lo sospechamos desde hace tiempo. Ahora le tocó al Ex Ministro de Hacienda y actual diputado Guillermo Zúñiga el papel del diputado honesto y consciente y a Viviana Martín, jefa de fracción, le tocó ser la mala de la película. Luego, si Laura Chinchilla veta la ley para aumentar el salario de los diputados, será ella la heroína de esta trama. El daño a la Asamblea Legislativa estará hecho y la popularidad de la Presidenta quedará resguardada. Seguiremos sin contrapeso a los poderes fácticos y seguiremos sin reforma fiscal. Pero que siga el teatro, el show debe continuar.

San José, 26 de mayo de 2010.

viernes, 14 de mayo de 2010

El viaje milenario

Para todos los guecos

…Hombres de todo mar y toda tierra. Fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo. Solsticios y equinoccios alumbraron con su cambiante luz, su variocielo, el viaje milenario de mi carne trepando por los siglos y los huesos…
Ángel González

La primera vez que los ví, sólo atiné a mover mi cuello siguiendo el ritmo de sus cuerpos sobre la arena. Me avergonzé del color de mis escamas al ver sus cuerpos torneados por los tambores africanos y los soles amazónicos. Entonces decidí seguirlos adonde fueran, en sus caminatas por la selva húmeda aprendí a colgarme de sus aromas y perdí el miedo a los abismos. Aprendí a columpiarme por mecates deshilachados y llenos de corales, sentí las humedades de las lluvias caribeñas hasta que el musgo empañó mis ventosas.

Así llegué hasta tus costas, donde los vi morir entre soampos, sancudos, cadenas, malaria, corredores de madera y árboles de ilan-ilan. De ellos aprendí también el arte de besar. El movimiento de mi cuello fue acompañado por el tuc tuc de mis labios llamándote.

Me ví sólo, deambulé buscando otros como ellos, mi piel se descoloró conforme subí montañas y el frío me hizo aún más pequeño. Los niños me perseguían intrigados por mi transparencia y mi extraña habilidad. Unos trataron de imitar mi llamado y se perdieron detrás de los labios de alguna niña. Otros me arrancaron la cola con crueldad, sólo para ver como se retorcía en la tierra saltando como si tuviera vida propia. Pero mi cuerpo siempre ha tenido la terquedad de renacer, la avidez de los besos.

Una niña me llevó a su casa y me mostró a los demás como “la lagartija que regala besos”. Hubo quien la corrigió con oficio científico y extrañas palabras en latín. Preferí susurrarle al oído que me gustaba como ella me nombraba, aunque en mis adentros sólo existía un nombre, el que estaba tatuado en la espalda de esos dos cuerpos africanos que me enseñaron el oficio milenario de besar.

Hace mucho que la niña también se fue. Y ahora estoy acá, buscando de nuevo tu nombre, viendóte de lejos. Y sólo cuando la noche te arropa y cubre tus hombros y una extraña luz sale de tus labios y una llama se te prende con olor a risas y piel, sólo entonces me animo a volver a mover mi cuello y lanzarte mis besos, sólo para escuchar tu voz cuando dice: “mirá que lindo ese geco, parece que estuviera regalando besos.”

felo

lunes, 22 de marzo de 2010

tiempos verbales

Estoy descuidando los tiempos verbales,
sigo pensando en plural y presente,
me niego a aceptar que fuimos
y que no somos.
Vivimos, vamos a construir, soñamos,
viajamos, tenemos, son descuidos,
trampas gramaticales
de un amor que se rehúsa a morir.
Y claro, algunos me corrigen
y me aclaran que vivo,
construyo, sueño, viajo, soy.
E incluso puede ser que ellos sepan
conjugar los verbos en los tiempos
y pronombres correctos.
Pero para mí las palabras juegan solas,
tienen fuerza propia,
saben mejor que yo.
Así que mejor dejo que los tiempos
y los pronombres hagan su trabajo,
ya sabré yo si algún día los alcanzo.

felo

viernes, 8 de enero de 2010

Costa Rica o Costa Rota?

Felipe Alpízar R.

Estas últimas semanas de la campaña política de cara a las próximas elecciones de febrero de 2010 vienen cargadas de mensajes, promesas, informaciones y desinformaciones, verdades y mentiras. Así funciona la democracia de audiencia, aquella que se libra en los medios de comunicación. Y a pesar de que el ruido mediático trata de fijar en nuestras mentes cuáles son los “principales problemas” del país, afuera de los medios ocurren otras cosas que también son importantes.

Desenmascar todas las promesas vacías de esta campaña sería una larga tarea y sospecho que los y las costarricense sabe distinguir cuando les mienten o no les dicen toda la verdad. Sin embargo, hay un elemento común a muchos de los problemas que enfrenta el país que no es nombrado o no es tan fácil de identificar. Algunos ejemplos pueden ayudar.

Imagínese que está sentado en un taxi o manejando su propio vehículo en una larga fila, con paciencia y educación, tratando de aguantarse las ganas de hacer sonar la bocina y de pronto un autómovil pasa por la cuneta y se coloca de primero en la fila. Usted siente una cierta rabia, pero se contiene. La persona que maneja el vehículo que se “coló” seguramente pensará que es el más astuto, el más “carga” y que esperar en la fila es un atraso o es de tontos. Obviamente acá hay un desprecio por los demás, por las normas sociales, por la autoridad, cierto cinismo y por supuesto un individualismo egoísta al extremo.

Ahora imagínese que a usted le gusta hacer ejercicio, digamos salir a caminar o andar en bicicleta por la zona de Escazú o Santa Ana. Si usted se da cuenta en estos lugares como en muchos otros, existen casas lujosos con ostentosos carros parqueados en sus cocheras que conviven con otras más humildes, pero lo reto a que encuentre una acera decente por donde caminar. ¿Por qué? ¿Porque los dueños de los condominios o de las casas de lujo no construyeron aceras? Sin entrar a valorar la responsabilidad de la municipalidad, en este ejemplo podemos encontrar la misma actitud egoísta e individualista del anterior caso. El dueño de la casa podría pensar que mientras su propiedad dentro de los altos muros sea bonita y segura, el entorno no importa mucho. Y en esta actitud también hay un desprecio por el otro, el que se ve obligado a caminar por la calle estrecha. Y esto es una manifestación de la cultura del cinismo y el “sálvese quien pueda” características de nuestra sociedad, un irrespeto a las normas sociales de convivencia y por supuesto a las reglas estatales.

Si usted piensa por un momento en otros problemas sociales en estos términos podrá entender otras cosas. Por ejemplo, si piensa en la corrupción como un acto en que un individuo toma recursos que son de todos para su beneficio privado también podría sospecharse de esta misma conducta individualista, donde la única norma que parece prevalecer es ese lema popular que le oí a un taxista el otro día: “primero mis dientes, después mis parientes.”

Y que tal si tratamos de pensar en la inseguridad, un fenómeno complejo sin duda, en estos términos. ¿Será que podemos defendernos sólos, como individuos aislados en una selva de concreto y rejas donde el más fuerte es el que gana? Y que pasa si hay otros más “astutos”, más violentos, mejor armados que nosotros. ¿Qué significa perder la competencia individualista en el tema de la seguridad?

Puede ser que el costarricense siempre haya sido así, egoísta, individualista y enmontañado como diría Constantino Láscariz. No lo sé, pero añorar un pasado donde la convivencia podría haber sido mejor, si lo fue, debería servirnos para entender qué fue lo que se perdió. En los últimos años, informes e investigaciones muy serias han abordado estos temas y dan señales preocupantes, pero muchas de estas cosas están a simple vista. Las relaciones de confianza, reciprocidad, respeto por el vecino y por las normas sociales y estatales son como el cemento que mantiene unidos los bloques de una sociedad. Sin ese cemento, la sociedad se rompe y se cae y provoca aún más dolor y muerte que un terremoto.

En los últimos 30 años en Costa Rica se ha repetido incansablemente el discurso de que el Estado no sirve, de que todos roban, de que los funcionarios públicos son ineptos y de que el único camino posible es buscar el beneficio privado y personal. Esto es un discurso que a fuerza de repetirlo se ha grabado en la mente de las personas y no sólo es importante determinar si es cierto o no. Los ejemplos anteriores intentaban explicar que ese discurso tiene consecuencias y límites y se traduce en problemas cotidianos. Porque el Estado no es sólo un conjunto de instituciones, eficientes o no, sino también la mayor expresión de la voluntad de vivir juntos de acuerdo con unas reglas de convivencia social. Cuando se afirma que el Estado es el problema, que es demasiado grande y se le descuida hasta que termina maltratando a sus ciudadanos (calles malas, platinas, puentes que se caen, personas sin techo o comida), se está dinamitando la confianza de las personas, su voluntad de vivir juntos, de respetar las reglas. Y contribuye, junto con otras cosas, a que las personas piensen que lo mejor es salvarse a como haya lugar, despreciando al Otro. El Otro que llegó tarde al trabajo por las largas filas, el Otro que atropellaron porque no había acera, el Otro que asaltaron.

Prefiero creer que esa actitud de individualismo cínico, de sálvese quien pueda, no está presente en todos los costarricenses y que muchas veces actuamos movidos por otras fuerzas de convivencia social como la solidaridad, la amabilidad, la confianza y el respeto por el Otro. Pero también se debe comprender que las sociedades no son un mercado, ni son una suma de individuos aislados luchando unos contra otros por un beneficio privado, en el que gana el más fuerte. Porque si las sociedades se plantean así, se justifican así y las instituciones funcionan de acuerdo con esa dinámica, no debemos extrañarnos si un día nos toca perder en esta competencia. Porque como individuos aislados no podemos resolver los problemas que son comunes, porque su carro 4x4 no puede pasar por encima de la fila, porque los muros de su condominio nunca serán lo suficientemente altos, y sus armas nunca serán las más fuertes. Y sobre todo porque los “perdedores” en esta competencia son personas como usted, con rostros, sueños e ilusiones.

Lo reto a que busque más ejemplos de este comportamiento individualista en su vida cotidiana y si encuentra un candidato que le parece que tiene la solución a este problema le ruego que me escriba y me diga cuál es.

San José, 8 de enero de 2010.
Correo: felipealpizar@hotmail.com

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El conflicto de Honduras en clave de fútbol

En San José, la tarde del pasado 18 de julio las duras negociaciones entre las dos delegaciones hondureñas tuvieron un breve momento de distensión cuando la selección de fútbol de Honduras venció por un gol al combinado de Canadá en la Copa de Oro. Según cuentan varios periodistas, en el operativo de seguridad, un policía con instinto político agudo y esa pícara malicia indígena tan centroamericana se preguntó: ¿el gol habrá sido de Micheletti o de Zelaya? Luego un editorialista de un periódico costarricense llamó a los hondureños a la unidad a partir de la gesta deportiva de su selección, que se debe enfrentar ahora a los Estados Unidos en semifinales (¡las vueltas que da la vida!).En efecto, el conflicto hondureño se podría entender en clave de fútbol, no en términos triviales, sino como una metáfora para explicar las raíces profundas del conflicto, esas que los analistas y los medios de comunicación pocas veces mencionan. Si se piensa por un momento en la situación política de Honduras como un equipo de fútbol de once jugadores tendríamos una alineación como sigue. En la portería, estaría un fuerte deportista, hijo de una chola hondureña y un militar estadounidense que ha permanecido en sus bases militares tanto tiempo que ya se adaptó al húmedo clima. Luego tendríamos tres jugadores más, digamos un defensa de nombre X, un mediocampista M y un delantero Z, que se alternan la banda de capitán. Estos tres provienen de la escuela de fútbol manejada por la oligarquía hondureña, es decir empresarios, militares y la cúpula religiosa- son fuertes, bien alimentados cuentan con todos los implementos deportivos y los lujos que se pueden tener en el mundo desarrollado. Los otros 7 jugadores hondureños son flacos, juegan descalzos, apenas pueden correr pero están en el equipo porque son necesarios para los otros tres, los capitanes. De esa forma, esta selección de fútbol de Honduras puede participar en los torneos internacionales,donde reciben migajas de la economía mundial y que obviamente se reparten solo entre los tres capitanes. El portero recibe una pensión del ejército de Estados Unidos, y los demás 7 jugadores, los pobres del equipo hacen milagros para comer, a veces venden chicles en las esquinas o trabajan como oficiales de seguridad en alguna compañía de los capitanes Z, X y M. Esto ha sido así por décadas, a pesar de las guerras centroamericanas, las dictaduras y el proceso de paz, nada cambió. Los mismos capitanes son los dueños del balón.
Un buen día, uno de estos capitanes tuvo la ingenua idea de preguntarles a los otros 7 jugadores si estaba bien que les preguntaran si querían cambiar las reglas del juego. De inmediato los otros dos capitanes saltaron al terreno de juego y lo acusaron de que no quería soltar el balón, lo ligaron a la selección de Venezuela y lo acusaron de comunista. Como el capitán Z siguió con sus intenciones preguntonas e hizo una finta de más sobre el terreno de juego, le hicieron una falta por detrás, le hablaron al árbitro para que le sacara tarjeta roja y lo montaron en un carrito de esos que saca a los jugadores del campo. Como los capitanes M y X de la mencionada escuela de fútbol son los que hacen las reglas del juego, eligen a los jueces, magistrados y congresistas, decidieron que lo que había hecho el capitán Z era ilegal. Ahora hay dos capitanes que alegan ser legítimos dueños del equipo. Una buena parte de la opinión pública de la región dice que está de acuerdo en que al capitán Z le cometieron una falta por detrás, pero inmediatamente dicen que él se lo buscó por preguntón y por hacer tanta finta. Detrás de ese razonamiento se esconde una preocupante idea antidemocrática de que frente al disenso podría ser justificado el golpe de estado, la falta por detrás a Maradona o la violación de la joven pues ella tuvo la culpa por nacer bonita.
Mientras tanto, los 7 flacos jugadores hondureños siguen en la misma miseria de siempre,uno de los tres países más pobres en la región más desigual del mundo. Nadie habla de ellos,ni de las condiciones estructurales que los mantienen descalzos y desnutridos. Nadie habla de que las razones que llevaron a la guerra en Centroamérica siguen latentes. Más allá de la guerra fría, el comunismo o Chávez, lo que realmente importa es que las transiciones a la democracia realizadas desde las élites no han sabido incluir a la población en el proceso democrático y en el reparto de los beneficios del desarrollo. No existe un Estado de Bienestar en Honduras, eso es casi una utopía, los índices de desarrollo humano son lamentables y la pobreza sigue afectando a cerca de la mitad de la población. Eso no es poca cosa y no se puede llamar a la unidad de Honduras sin tomar en cuenta esto. El conflicto de Honduras, más allá de la metáfora futbolística, se debe entender como una crisis muy seria, producto de las dinámicas de exclusión que imperan en la región. Cualquier intento por cambiar esta lógica, sean bien o mal planteados, se enfrentarán con los detentadores del poder político, económico y militar en Honduras. Mientras las élites hondureñas se sigan comportando como los dueños del balón, sigan haciendo las reglas sólo para defender sus prerrogativas y sigan privando a la mayoría de los hondureños de un nivel de vida digno, los conflictos continuarán. Zelaya podría volver al poder, ojalá que así sea, pero mientras las élites oligárquicas de Honduras no cambien o sean obligadas a cambiar, todo seguirá igual.
Los 7 flacos jugadores hondureños tendrán que buscar fuerzas donde no las hay para terminar el partido, ojalá puedan. Más aún, ¿no sería mejor y más democrático que ellos mismos tuvieran la capacidad y la oportunidad de decidir cómo quieren seguir jugando el partido de sus hasta ahora empobrecidas vidas?
Felipe Alpízar R.
San José de Costa Rica,22 de julio de 2009.

sábado, 24 de enero de 2009

La comunidad de Tayni

Hace un año tuve la oportunidad de conocer a un grupo de gente maravillosa, sencilla, trabajadora, con contradicciones, sensible a los demás pero sobre todo con ganas de mejorar. 
Aquí, desde Madrid, tan lejos de Tayni, (ese pueblo del caribe que los turistas ni siquieran imaginan que existe en las montañas que ven desde un bar en Cahuita) a menudo me acuerdo de ellos. Sobre todo cuando leo a los "grandes teóricos": acción comunicativa, capital social, gobernanza; o cuando oigo a Obama haciendo un llamado a la era de la responsabilidad. Jaja, muy bonito, sí, me alegra mucho pero lo que más me alegra es saber que existe un grupo de gente que está haciendo esas cosas y más. Tienen poca educación "formal" pero saben de cosas que nosotros no sabemos, tienen conflictos, hay envidias, críticas, sí, de por sí pretender que el desarrollo o la democracia son posibles sólo en paz, es ridículo. Hoy leo en la Nación que han abierto un supermercado en Gavilán y me acuerdo de los sueños que ellos expresaron así:
“…quisiéramos ver nuestra comunidad dentro de los años siguientes con buenos puentes, buenas carreteras, clínicas, colegios, supermercados, universidades, con personas de las siguientes capacidades: doctores, licenciados, maestros, profesores, ingenieros”
Y me acuerdo como siempre de Ángel González diciendo adónde está la esperanza: "jamás en el lugar de la derrota, jamás en el dominio de la conformidad, donde la vida se doblega nunca."
Don Ángel, permitame con todo respeto corregirlo, ese lugar también está en Tayni, al final de Valle de la Estrella, pasando el río, en medio de las montañas de Talamanca.

Pd: se puede leer más sobre Tayni en: "Participación ciudadana y sostenibilidad ambiental como camino al desarrollo".
 http://www.nacion.com/ln_ee/2009/enero/24/pais1850700.html y

miércoles, 15 de octubre de 2008

Ahora que el mundo se devuelve

Felo, 15 de octubre de 2008

Ahora que los especuladores, banqueros y demás cardenales de la postmodernidad son enjuicidos -como corresponde a los tiempos- en las portadas de los periódicos, muchos se lamentan y otros reniegan del modelo.

Ahora que sabemos de sus excesos y su irresponsabilidad y miles sienten sus efectos cada día cuando deben enfrentarse a la realidad de levantarse sin saber si podrán comer algo al desayuno o recordar que han perdido sus ahorros, nadie se acuerda de los verdaderos responsables del desastre.

Ahora que Kevin Casas nos explica muy académicamente porque existe descontento con los tratados de libre comercio, uno debe volver a encajarse la mandíbula por la incredulidad de leer esas líneas y fijarse bien en la foto para saber si es una broma o si es la misma persona que escribió el famoso e infame memorándum.

Ahora que el Estado vuelve a ser una buena palabra y los poderosos se reúnen para organizar la forma en que se interviene el mercado financiero y se vuelven a escuchar otras otrora malas palabras como nacionalización bancaria, uno se pone a pensar que pasaría si hubiesen sido los presidentes de América Latina los que hubieran decidido intervenir el mercado en afán de lograr el bienestar de los ciudadanos.

Ahora que nadie se acuerda lo que dijo hace 15, 10 o 5 años o digamos los días previos al 7 de octubre de 2007 cuando se acusaba de comunista aquel que osara desafiar al modelo.

Ahora que Paul Krugman está de moda y gana el Premio Nobel y la gente se acuerda de que otro tipo de economía también es posible, uno se pregunta adonde están los otros, los que nos condujeron a la crisis.

Ahora que los padres del modelo no se acuerdan de lo que dijeron o hicieron en los últimos 20 años y el Consenso de Washigton se confunde en los detalles de la historia, es bueno recordarles, no por la crisis sino por las consecuencias sociales que ha tenido el modelo.

Ahora que todavía es temprano para saber si el mundo va a cambiar o si fue sólo un susto, es bueno echar sal en la herida ideológica de los responsables y pedirles cuentas a los que dirigen el barco y preguntarles: ¿qué pasó?

Ahora que Keynes parece sonreír desde su tumba y se oye su famoso “en el largo plazo todos estaremos muertos” es bueno volverles a decir como en la canción de los Fabulosos Cadillacs: yo te avisé y vos no me escuchaste, conmigo no hablas, yo no soy de tu clase…

sábado, 23 de agosto de 2008

Costa Rica ha vuelto a nacer (octubre de 2007, felo)

Hace mucho tiempo que mi país, Costa Rica, no me hacía ilusión. Mis primeros sentimientos juveniles y patrioteros se fueron debilitando por una educación iconoclasta, crítica, dichosamente liberadora pero que produce también una soledad y una desamparo que ya Sartre había explicado.   Pero ese desencanto con mi país se debe sobre todo a que desde que nací y tengo uso de memoria muy pocas cosas que han sucedido aquí me han puesto orgulloso. 

Sólo puedo recordar el Premio Nobel, muy idílico en su momento, pero que luego fui descubriendo que encerraba un desprecio por el trabajo en equipo no sólo de los Presidentes de todo Centroamérica sino de los propios funcionarios de ese gobierno. 

Al cabo de los años, el portador de esa distinción reveló su peor faceta, la arrogancia, las ansías de poder, la codicia y el desprecio por la gente sencilla. 

Al cabo de los años ese premio se nos ha convertido en una carga nacional y su portador es ahora la cara de una élite disfuncional, autista, codiciosa y a menudo antidemocrática.   

Otro hecho reciente que recuerdo fue la movilización social para derrotar el intento de esa élite de privatizar el ICE, esa institución emblema de nuestro desarrollo. Eso fue pura resistencia pacífica, primero de los sindicatos y universitarios y luego del país. 

Al cabo de los años, nos dimos cuenta que quienes habían impulsado esa reforma, incluido el Presidente de la República habían recibido sobornos de las compañías trasnacionales con intereses en el sector. Para verdades el tiempo.   

Pero este domingo 30 de setiembre, esta semana de octubre de 2007, me he sentido feliz de ser parte de esta Costa Rica que quiere volver a ser diferente. Ya lo hemos hecho antes.   En 1856 la expansión estadounidense hizo llegar un ejército de filibusteros a Nicaragua, que cayó rendida por sus diferencias internas, el resto de Centroamérica observó pasiva el curso de los acontecimientos. Costa Rica se levantó en armas para detener “la oprobiosa esclavitud” en palabras de Juanito Mora, fue a Nicaragua a luchar, luchó en Rivas y luchó en Santa Rosa y al cabo de un año los campesinos descalzos vencieron a los estadounidenses. Más del 10% de la población nacional murió en esa gesta.   La década de 1940 también nos distinguió. Una alianza inédita entre la Iglesia Católica, el gobierno conservador y el Partido Comunista permitió aprobar las reformas sociales: el Código de Trabajo, crear la Universidad de Costa Rica, fundar el sistema de salud, entre otras cosas, y sentar las bases del estado social. En esa misma década dos bandos se enfrentaron en guerra civil, pero la paradoja fue que el bando vencedor entregó el poder al presidente electo, abolió el ejército y continúo la senda iniciada años atrás: nacionalización bancaria, distribución de la tierra a los campesinos, democratización de la electricidad y la telefonía. Mi país disfrutó de un modelo solidario que logró reducir la pobreza, distribuir la riqueza y convertirlo en líder moral en el mundo. Años después los Centroamericanos se desgarraron en guerras civiles para conseguir esto y aún hoy no lo logran.   

Pero en las décadas de 1970 y 1980 todo se empezó a derrumbar, corrupción, desgobierno, ajuste estructural, deuda y la codicia, ese perro hambriento que siempre nos acecha. Desde entonces la nueva élite ha querido desmantelar eso que nos distinguió.   

Este domingo 30 de setiembre, esta mañana típica de la época, “huele a agua” pero otra cosa está pasando. En el Paseo Colón miles de personas están reunidas por la misma cosa. En medio de los árboles de la avenida, la vista alcanza para darse cuenta que casi un kilometro de una calle de 4 carriles está llena de gente, serán 20.000, 50.000 o serán 100.000, no importa, son muchos más que en las manifestaciones del combo y mucho más de lo que nunca he visto.   Nos acercamos a la tarima principal en medio de máscaras, pancartas, arte, risa, ostentando alegría, música. Arriba un anciano, un padre de la Iglesia Católica, de la estirpe de Monseñor Romero, antes de hablarnos de justicia social, se aclara su garganta y con voz de trueno nos pide cantar la patriótica costarricense: “Costa Rica es mi patria querida… La defiendo, la quiero, la adoro y por ella mi vida daría, siempre libre ostentando alegría, de sus hijos será la ilusión.” No pude sostener las lágrimas y lloré como muchos otros a mi lado, de emoción, de alegría, un poco de rabia, pero sobre todo de patria.   

Ese día nació esa canción para mí, pero sobre todo la ilusión de que en Costa Rica algo puede cambiar. Podemos ser diferentes otra vez, el mundo nos está observando.   Queremos comercio justo, queremos otra globalización, queremos autonomía para decidir qué hacer con nuestras instituciones, queremos cuidar nuestros mares y bosques, queremos tener menos pobres, queremos equidad, oportunidades, trabajo, “no pido eternidades llenas de estrellas blancas. Pido ternura, cena, silencio, pan y casa…” (Hombre, Debravo). 

Tengo una bandera, ya raída, con mi estandarte escrito a mano: “Costa Rica libre y solidaria”. La amarro en mi espalda, salgo a la calle, respiro patria. Voy a votar y espero que la mayoría de costarricenses hayan llegado a la misma reflexión. De todas formas algo cambió ya, después de esta semana no somos los mismos. La patria es nuestra ilusión, ostentamos alegría.

lunes, 11 de agosto de 2008

Negación del fútbol, las mujeres y la birra

Negación del fútbol, las mujeres y la birra (o del destino de los dictadores)   
Felo   

No, no y no. Lo siento por el lector que esté siendo testigo de este arrebato, pero me niego a ser víctima de esta imposición.   Un amigo mío, Tavinski, me invitó, casi como una obligación a escribir sobre “el fútbol, las mujeres o la birra” (perdón Marito). El último caso que conozco, en el que obligaron a alguien a escribir sobre un tema, es el de Martín Romaña, a quien su amada Inés, (no es mi caso) le sugirió a manera de mandato (sí es mi caso) escribir sobre un sindicato de pescadores de la costa peruana. Lo que resultó fue un terrible libro, llenó de alusiones ideológicas y desilusiones amorosas, sin contar con otras exageraciones como las hemorroides del señor Romaña.   Precisamente como  no quiero terminar en un viacrucis como el de Martín, decidí revelarme contra las imposiciones de Tavinski. Es más para que vean la osadía a la que ha llegado mi amigo, les voy a contar la última de sus tiranías. Cuando supo que lo iba a incluir en esta historia me pidió que lo caracterizara como un húngaro, a pesar de que él es absolutamente tico. Se puede imaginar que atrevimiento, venir a imponerme personajes, faltaba más.   En todo caso, ante el peligro de que no me publiquen lo que escribo voy a referirme a los tres temas mencionados.   
Definitivamente hay que empezar por la mujer, que es a donde todo comienza y donde todo termina. Se pueden decir cosas corrientes: “te quiero mi amor, no me dejes solo, mira que yo lloro” (ver cantante cubano), pero eso sin duda se encuentra en cualquier tarjeta de esas que se compran en Hallmark para el 14 de febrero. Como en esto el papel aguanta lo que le pongan, se pueden escribir todo tipo de divagaciones, canciones, olas del mar a nombre de la amada, hacer tratos, proponer tácticas y estrategias, escribir los versos más hermosos y dormir en hondonadas. Como ven prefiero remitirme a otros, pero en otro momento, cuando hablemos del amor. Por ahora el que siga interesado me puede preguntar y hablamos con calma.   
En el tema del fútbol me parece que aparte de lo de Eduardo Galeano, no se puede escribir mucho. Sobre todo ahora que hasta los gallos hablan del deporte sólo para vendernos una tele. Hago la importante aclaración de que para mí el fútbol es más que un deporte y que lo he vivido intensamente. Precisamente ahí está el detalle (como diría Cantinflas o un profesor de Teoría Política y Trivialidades Afines), el fútbol o se ha vivido o no se le entiende, por más de que uno pueda escribir maravillas sobre él. Sólo si se ha jugado bajo la lluvia, pensando que se está en una final en el Santiago Bernabeu o si se ha gritado como un loco en algún estadio local, sabe uno de que se trata. Prefiero gritar un gol a mil páginas escritas sobre fútbol.   
La birra es el último tema al que Tavinski quiere que me refiera, pero sucede algo semejante a con el fútbol. Se podrían explicar sus componentes o su delicado equilibrio químico, así como sus efectos colaterales. Pero parafraseando a Octavio Paz, podemos decir que la birra no es un decir es un hacer y cuando digo esto la birra o se acabó o se calentó (como suele suceder en el café cultural Massé).   
Ahora que ya dejamos atrás los formalismos temáticos vamos a ir al fondo del asunto. Recientemente me enteré de una situación muy particular, que le va a servir a mi amigo Tavinski como escarmiento por si decide continuar por la senda del autoritarismo en la que peligrosamente se inicia.   La historia es una nueva versión de mitología griega, es la historia del antiprometeo moderno, ya que cuenta como los dioses griegos volvieron al mundo de los mortales en pleno siglo veinte y se sorprendieron e indignaron tanto que decidieron hacer algo al respecto. Me refiero sobre todo a las incontables dictaduras y guerras que inundaron el pasado siglo. Antes de continuar debo advertir que el carácter de los dioses había cambiado con los siglos, ya que durante todo este tiempo estuvieron en un congreso filosófico para replantear su papel en el mundo (cualquier alusión con partidos políticos resulta obvia), y decidieron fundar el Salón de la Justicia en pleno Olimpo. Así es como al ver en lo que había terminado el regalo de Prometeo, esto es guerras, armas nucleares, represión, desapariciones y violencia, decidieron condenar a todos los dicatorzuelos y generaluchos del siglo veinte.   Después de una reunión intensa de la Comisión de Dioses por una Humanidad Mejor decidieron adaptar la condena de Prometeo a los tiempos modernos. Por supuesto que no pudieron encontrar un monstruo tan disciplinado como para comerles las tripas a cientos de condenados todos los días (son otros tiempos). Así que decidieron hacer que todos los generales, tiranos y bichos perversos en general, cuando murieran (los dioses no estaban de acuerdo con la pena de muerte), iban a ser reencarnados en escusados y letrinas de todo el mundo. Con esto se aseguraban que todos los criminales encontraran condena, porque aunque son muchos sin duda son más los escusados.   Así el primer criminal en morir fue Pinochet, quién se creyó por muerto, libre de toda culpa, pero no. A él le tocó convertirse en una letrina de una academia militar, donde por pura ironía cientos de hombres de su propio ejército hacían sus deposiciones diarias. Pinochet recibía mierda todo el día, de vez en cuando uno de sus colaboradores lo limpiaba como previendo que él también llegaría a ser letrina algún día. Pero igual no faltaba algún soldado que en plena noche y por culpa de haber comido refritos, garbanzos y chicharrones, se levantara con un ataque de incontenible diarrea y llenara a Pinochet con despojos humanos del tipo más bajo.   Así la rutina continuaba todos los días, Pinochet por momentos se veía libre de su castigo, y cual antiprometeo moderno sus tripas le crecían, pero los hombres siempre volvían del campo a desahogar sus vejigas y tripas y al generalucho no le quedaba más que resistir enmierdado su castigo.   Después de Pinochet le seguirían muchos más, que de acuerdo con una tipología de sus crímenes eran condenados a ser letrinas o escusados, y según la cantidad de atrocidades eran asignados según la cantidad de personas que hacían uso de ellos. Por ejemplo a los más afortunados les tocaba ser el escusado de una abuelita viuda que padecía de estreñimiento, pero a otros como a Pinochet les tocaba recibir regimientos enteros.   El único problema es que los generales vivos aún no sabían del castigo que les esperaba y continuaba engrosando las listas de posibles letrinasgos. Como ven a otros si nos llegó la historia. Por ello a partir de este momento quedan todos advertidos del destino de los dictadores y tiranos. Además, si pensamos que diariamente estamos condenando un tirano, podemos deponer nuestros restos con un sentido de justicia superior.   

Noviembre, 2002.

miércoles, 25 de junio de 2008

La tarde se muere de tristeza

Algunos libros
y el fino polvo
me bastan para la melancolía. 
Estoy seguro 
que algunos días 
nacen tristes 
y como lluvia 
persisten y rebotan 
en el alma 
hasta que logran una lágrima. 
Camino lento 
como si quisiera 
esquivar los recuerdos, 
que me rasguñan la piel. 
El tiempo se detiene 
y el silencio
sólo lo rompe 
mi cuerpo inmóvil 
y el corazón latiendo.

jueves, 19 de junio de 2008

Entrevista con el candidato políticamente incorrecto (o de lo que muchos piensan y no dicen)

Hace poco tiempo fue electo Robel Parraya como candidato único del partido Libre y Único (PLU) en el país único. Él no sabe nada de descentralización, ni de participación democrática. No conoce las últimas tendencias en la política, ni entiende de encuestas, mucho menos las utiliza para saber que es lo que quiere oír la gente. Así su discurso es extraño, en algunos casos se aleja de las expectativas populares y dentro del PLU, existen sectores que lo ven con cierto recelo. Lo peor del señor Parraya es que tiene un problema mental que lo obliga a decir todo lo que en realidad piensa, muy a pesar de las convenciones sociales y de aquellos sectores partidistas mencionados antes. Sólo en algunos casos sus respuestas se parecen a las de otros personajes públicos, pero eso lejos de ser una virtud del don Robel, se debe a que su enfermedad se presenta como deslices  de la lengua  de los otros. A continuación le presentamos la entrevista que el periódico El Único S.A. le hizo al candidato.

Ø  Periodista: Señor Parraya, ¿Por qué involucrarse en política?

Ø  Robel Parraya: Vea, en mi caso además del interés económico, me mueve una razón diferente. Yo desde niño he querido ser popular, famoso y buscado por las mujeres, desgraciadamente no tengo ni atributos físicos, ni intelectuales y mucho menos dotes artísticos. Así lo único que podía hacer para cumplir mi sueño era aprovechar que mi padre había sido presidente, como usted sabe. Esa es mi principal razón para estar en esto.

Ø  Periodista: ¿Cómo ve la lucha política en esta campaña?

Ø  R.P.: Mire esto es un negocio redondo para casi todos. Nosotros recibimos un montón de plata para hacer la campaña, pero en realidad ya eso está arreglado. Simplemente  nos va tocando, como quien sube una escalera, sólo hay que saber esperar. La mayoría de la plata se va en publicidad y con eso los medios quedan contentos y el resto se reparte entre los “otros”. Nosotros así nunca perdemos nada.

Ø  Periodista: me gustaría que nos hablara un poco de su plan económico y si este trata temas como la austeridad y la distribución de la riqueza.

Ø  R.P: En el tema económico a mi me parece que no se debe cambiar nada de lo que se ha hecho desde el ajuste, imagínese lo que nos ha costado hacer que la gente se crea la mentirilla de la mano invisible. Se trata de promover las exportaciones como dicen los entendidos, aunque eso lo que busca es quitarle plata a los más pobres para dárselo a los ricos. Aquí es donde entra el tema de la distribución, ya que como usted ve, distribuimos el dinero de muchos entre unos pocos, por ejemplo a través de los CATs, y como los pocos somos los mismos, todos quedamos contentos. La austeridad  es otra manera de distribuir la riqueza, ya que le quitamos plata a algunos programillas sociales, que sólo ayudan a los vagos que no quieren trabajar y a los nicas hiju#%/=¡, perdón. Con ello el gobierno puede gastar más en recepciones, licores, viajes y visitas a los reyes del mundo, usted sabe los lujos de nuestro poder.

Ø  Don Robel ¿qué propone en materia de seguridad?

Ø  R.P.: El problema de la seguridad se debe a que ahora hay muchos extranjeros que vienen a robar. Además hay un montón de ticos vagos, que han aprendido malas costumbres de afuera y dicen que roban porque no tienen comida, eso es mentira, si son pobres es porque quieren y porque han perdido los valores. La única solución es contratar más policías y antimotines y con el apoyo de algunos paramilitares de otros países, lograremos arrestar más gente, obligarlos a trabajar más horas y de una vez expropiar un montón de finquitas que me interesan.

Ø  P: ¿Qué se debe hacer para mejorar la salud del país?

Ø  R.P:  Bueno en primer lugar debo aclarar que a mi ese tema no me interesa mucho, ya que gracias a Dios yo tengo buena salud y cuando me enfermo, voy unos días a Miami a chequearme y de una vez paseo un poco. Sin embargo puedo decir que el problema es que la Caja del Seguro sea pública, ya que eso provoca que se llene de gente y lo que es peor, de pobres!, y así no funciona. Debemos privatizar para que llegue menos gente, sólo los que tenemos plata, y así nosotros no tendríamos  que ir a Miami por un resfrío.

Ø  P.: Don Robel ¿qué se puede hacer para eliminar la prostitución infantil?

Ø  R.P: Muy poco. Lo que pasa es que somos un pueblo muy bonito, no ha visto las putitas adultas de 15 años que lindas se ven, ¿ para qué quiere quitar eso?...

Ø  Periodista: Bueno, pasemos a otro tema, ¿Qué haría por la cultura y la educación del país?

Ø  R.P: Primero, que todos sepan leer y escribir para que entiendan las instrucciones de las máquinas y herramientas. Lo otro es abandonar las artes, la música y el teatro porque eso es una vagabundería. Toda esa plata se le asignaría al fútbol, que es lo que le gusta a la gente y que nos permite a nosotros seguir en el vacilón.

 

Ø  P.: ¿qué piensa de la participación femenina en política?

Ø  R.P: Es muy importante. Nada mejor que llegar a un ministerio o a la Casa  Presidencial y ver a esas secretarias y asistentes en minifaldas y en esos escotes, que las obligamos a usar. En algunos casos se meten las esposas de algunos políticos, pero eso se puede arreglar. Con sólo pensar en esas mujeres ayudándome, con sus piernas y sus senos, uyy!! Ve como volvemos al principio, así se cumple mi sueño de ser popular y tener muchas mujeres a mi disposición, eso sí que se queden calladitas.”

viernes, 30 de mayo de 2008

Un recodo en la oscuridad

La oscuridad poblando la mirada angustiosa de un niño se levantó furiosa e infranqueable. 
Aquel niño se enfrentó a una epopeya imposible de tantos miedos. Tomando prestado cierto valor ancestral, penetró en la cueva: logró dar algunos pasos hacia adentro, pero el aire se le hizo demasiado espeso, sus poros se cerraban asfixiándole. Se arrastró hacia fuera donde pululaban las personas y haciendo un esfuerzo para alcanzarlas se colgó de las faldas de un hombre grande y pesado que le miró violentamente. 
El niño se deshizo en lágrimas mientras le pedía que lo acompañara en la penumbra. El hombre indiferente ante el niño, siguió su camino, mientras el pequeño vacilaba en su desconcierto. 
Guiado por su inocencia, el niño entró de nuevo en la fría  caverna, caminó con paso vacilante hasta que asomó lentamente su cabeza en un recodo de la cueva. La visión lo aterrorizó: un horrible monstruo se columpiaba amenazante en la penumbra.   
Salió corriendo de la cueva y persiguió aquel hombre muy grande y fuerte para él, que ya rondaba parajes lejanos. Tan grande fue la voluntad del pequeño que logró llegar hasta él. Lloró y lloró como tratando de iluminar su noche mientras le aseguraba al gigantesco hombre de rostro indiferente que a poca distancia de allí en un recodo de la oscuridad acechaba un monstruo terrible que esperaba el sueño del niño para acometerle sin piedad. 
El hombre puso rostro severo, tensó los músculos de sus brazos amenazantes, hizo un esfuerzo por decir algo, pero se contuvo. Miró al niño de reojo y partió sin prisa, siguiendo su camino casi de memoria. El niño, en medio de la nebulosa de sus lágrimas, vio como el viejo doblaba a la derecha en dirección a la cueva y luego vio como aquella figura se deformaba monstruosamente al penetrar en la oscura gruta de su indiferencia. 

martes, 20 de mayo de 2008

Para comenzar

La Paloma

Se habla de la esperanza 
últimamente.
Alguien la vio pasar por los suburbios
de París, allá hacia el año
mil novecientos cuartenta 
y tantos. Poco después
aparecieron huellas de su vuelo
en Roma. También es cierto
que desde las Antillas voló un día
tan alta, que su sombra 
cubrió pueblos enteros, 
acarició los montes y los ríos
cruzó sobre las olas, 
saltó a otros continentes,
parecía...
Años más tarde
un profesor ilustre
dedujo de unas plumas mancilladas, 
halladas entre sangre
cerca de un arrozal, en el Sudeste
asiático, que ahí 
estaba 
ella:
en el sitio y la hora de la ira.
No en el lugar del pacto, no 
en el de la renuncia, 
jamás en el dominio 
de la conformidad
donde la vida se doblea, nunca...

Ángel González