lunes, 22 de marzo de 2010

tiempos verbales

Estoy descuidando los tiempos verbales,
sigo pensando en plural y presente,
me niego a aceptar que fuimos
y que no somos.
Vivimos, vamos a construir, soñamos,
viajamos, tenemos, son descuidos,
trampas gramaticales
de un amor que se rehúsa a morir.
Y claro, algunos me corrigen
y me aclaran que vivo,
construyo, sueño, viajo, soy.
E incluso puede ser que ellos sepan
conjugar los verbos en los tiempos
y pronombres correctos.
Pero para mí las palabras juegan solas,
tienen fuerza propia,
saben mejor que yo.
Así que mejor dejo que los tiempos
y los pronombres hagan su trabajo,
ya sabré yo si algún día los alcanzo.

felo

viernes, 8 de enero de 2010

Costa Rica o Costa Rota?

Felipe Alpízar R.

Estas últimas semanas de la campaña política de cara a las próximas elecciones de febrero de 2010 vienen cargadas de mensajes, promesas, informaciones y desinformaciones, verdades y mentiras. Así funciona la democracia de audiencia, aquella que se libra en los medios de comunicación. Y a pesar de que el ruido mediático trata de fijar en nuestras mentes cuáles son los “principales problemas” del país, afuera de los medios ocurren otras cosas que también son importantes.

Desenmascar todas las promesas vacías de esta campaña sería una larga tarea y sospecho que los y las costarricense sabe distinguir cuando les mienten o no les dicen toda la verdad. Sin embargo, hay un elemento común a muchos de los problemas que enfrenta el país que no es nombrado o no es tan fácil de identificar. Algunos ejemplos pueden ayudar.

Imagínese que está sentado en un taxi o manejando su propio vehículo en una larga fila, con paciencia y educación, tratando de aguantarse las ganas de hacer sonar la bocina y de pronto un autómovil pasa por la cuneta y se coloca de primero en la fila. Usted siente una cierta rabia, pero se contiene. La persona que maneja el vehículo que se “coló” seguramente pensará que es el más astuto, el más “carga” y que esperar en la fila es un atraso o es de tontos. Obviamente acá hay un desprecio por los demás, por las normas sociales, por la autoridad, cierto cinismo y por supuesto un individualismo egoísta al extremo.

Ahora imagínese que a usted le gusta hacer ejercicio, digamos salir a caminar o andar en bicicleta por la zona de Escazú o Santa Ana. Si usted se da cuenta en estos lugares como en muchos otros, existen casas lujosos con ostentosos carros parqueados en sus cocheras que conviven con otras más humildes, pero lo reto a que encuentre una acera decente por donde caminar. ¿Por qué? ¿Porque los dueños de los condominios o de las casas de lujo no construyeron aceras? Sin entrar a valorar la responsabilidad de la municipalidad, en este ejemplo podemos encontrar la misma actitud egoísta e individualista del anterior caso. El dueño de la casa podría pensar que mientras su propiedad dentro de los altos muros sea bonita y segura, el entorno no importa mucho. Y en esta actitud también hay un desprecio por el otro, el que se ve obligado a caminar por la calle estrecha. Y esto es una manifestación de la cultura del cinismo y el “sálvese quien pueda” características de nuestra sociedad, un irrespeto a las normas sociales de convivencia y por supuesto a las reglas estatales.

Si usted piensa por un momento en otros problemas sociales en estos términos podrá entender otras cosas. Por ejemplo, si piensa en la corrupción como un acto en que un individuo toma recursos que son de todos para su beneficio privado también podría sospecharse de esta misma conducta individualista, donde la única norma que parece prevalecer es ese lema popular que le oí a un taxista el otro día: “primero mis dientes, después mis parientes.”

Y que tal si tratamos de pensar en la inseguridad, un fenómeno complejo sin duda, en estos términos. ¿Será que podemos defendernos sólos, como individuos aislados en una selva de concreto y rejas donde el más fuerte es el que gana? Y que pasa si hay otros más “astutos”, más violentos, mejor armados que nosotros. ¿Qué significa perder la competencia individualista en el tema de la seguridad?

Puede ser que el costarricense siempre haya sido así, egoísta, individualista y enmontañado como diría Constantino Láscariz. No lo sé, pero añorar un pasado donde la convivencia podría haber sido mejor, si lo fue, debería servirnos para entender qué fue lo que se perdió. En los últimos años, informes e investigaciones muy serias han abordado estos temas y dan señales preocupantes, pero muchas de estas cosas están a simple vista. Las relaciones de confianza, reciprocidad, respeto por el vecino y por las normas sociales y estatales son como el cemento que mantiene unidos los bloques de una sociedad. Sin ese cemento, la sociedad se rompe y se cae y provoca aún más dolor y muerte que un terremoto.

En los últimos 30 años en Costa Rica se ha repetido incansablemente el discurso de que el Estado no sirve, de que todos roban, de que los funcionarios públicos son ineptos y de que el único camino posible es buscar el beneficio privado y personal. Esto es un discurso que a fuerza de repetirlo se ha grabado en la mente de las personas y no sólo es importante determinar si es cierto o no. Los ejemplos anteriores intentaban explicar que ese discurso tiene consecuencias y límites y se traduce en problemas cotidianos. Porque el Estado no es sólo un conjunto de instituciones, eficientes o no, sino también la mayor expresión de la voluntad de vivir juntos de acuerdo con unas reglas de convivencia social. Cuando se afirma que el Estado es el problema, que es demasiado grande y se le descuida hasta que termina maltratando a sus ciudadanos (calles malas, platinas, puentes que se caen, personas sin techo o comida), se está dinamitando la confianza de las personas, su voluntad de vivir juntos, de respetar las reglas. Y contribuye, junto con otras cosas, a que las personas piensen que lo mejor es salvarse a como haya lugar, despreciando al Otro. El Otro que llegó tarde al trabajo por las largas filas, el Otro que atropellaron porque no había acera, el Otro que asaltaron.

Prefiero creer que esa actitud de individualismo cínico, de sálvese quien pueda, no está presente en todos los costarricenses y que muchas veces actuamos movidos por otras fuerzas de convivencia social como la solidaridad, la amabilidad, la confianza y el respeto por el Otro. Pero también se debe comprender que las sociedades no son un mercado, ni son una suma de individuos aislados luchando unos contra otros por un beneficio privado, en el que gana el más fuerte. Porque si las sociedades se plantean así, se justifican así y las instituciones funcionan de acuerdo con esa dinámica, no debemos extrañarnos si un día nos toca perder en esta competencia. Porque como individuos aislados no podemos resolver los problemas que son comunes, porque su carro 4x4 no puede pasar por encima de la fila, porque los muros de su condominio nunca serán lo suficientemente altos, y sus armas nunca serán las más fuertes. Y sobre todo porque los “perdedores” en esta competencia son personas como usted, con rostros, sueños e ilusiones.

Lo reto a que busque más ejemplos de este comportamiento individualista en su vida cotidiana y si encuentra un candidato que le parece que tiene la solución a este problema le ruego que me escriba y me diga cuál es.

San José, 8 de enero de 2010.
Correo: felipealpizar@hotmail.com

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El conflicto de Honduras en clave de fútbol

En San José, la tarde del pasado 18 de julio las duras negociaciones entre las dos delegaciones hondureñas tuvieron un breve momento de distensión cuando la selección de fútbol de Honduras venció por un gol al combinado de Canadá en la Copa de Oro. Según cuentan varios periodistas, en el operativo de seguridad, un policía con instinto político agudo y esa pícara malicia indígena tan centroamericana se preguntó: ¿el gol habrá sido de Micheletti o de Zelaya? Luego un editorialista de un periódico costarricense llamó a los hondureños a la unidad a partir de la gesta deportiva de su selección, que se debe enfrentar ahora a los Estados Unidos en semifinales (¡las vueltas que da la vida!).En efecto, el conflicto hondureño se podría entender en clave de fútbol, no en términos triviales, sino como una metáfora para explicar las raíces profundas del conflicto, esas que los analistas y los medios de comunicación pocas veces mencionan. Si se piensa por un momento en la situación política de Honduras como un equipo de fútbol de once jugadores tendríamos una alineación como sigue. En la portería, estaría un fuerte deportista, hijo de una chola hondureña y un militar estadounidense que ha permanecido en sus bases militares tanto tiempo que ya se adaptó al húmedo clima. Luego tendríamos tres jugadores más, digamos un defensa de nombre X, un mediocampista M y un delantero Z, que se alternan la banda de capitán. Estos tres provienen de la escuela de fútbol manejada por la oligarquía hondureña, es decir empresarios, militares y la cúpula religiosa- son fuertes, bien alimentados cuentan con todos los implementos deportivos y los lujos que se pueden tener en el mundo desarrollado. Los otros 7 jugadores hondureños son flacos, juegan descalzos, apenas pueden correr pero están en el equipo porque son necesarios para los otros tres, los capitanes. De esa forma, esta selección de fútbol de Honduras puede participar en los torneos internacionales,donde reciben migajas de la economía mundial y que obviamente se reparten solo entre los tres capitanes. El portero recibe una pensión del ejército de Estados Unidos, y los demás 7 jugadores, los pobres del equipo hacen milagros para comer, a veces venden chicles en las esquinas o trabajan como oficiales de seguridad en alguna compañía de los capitanes Z, X y M. Esto ha sido así por décadas, a pesar de las guerras centroamericanas, las dictaduras y el proceso de paz, nada cambió. Los mismos capitanes son los dueños del balón.
Un buen día, uno de estos capitanes tuvo la ingenua idea de preguntarles a los otros 7 jugadores si estaba bien que les preguntaran si querían cambiar las reglas del juego. De inmediato los otros dos capitanes saltaron al terreno de juego y lo acusaron de que no quería soltar el balón, lo ligaron a la selección de Venezuela y lo acusaron de comunista. Como el capitán Z siguió con sus intenciones preguntonas e hizo una finta de más sobre el terreno de juego, le hicieron una falta por detrás, le hablaron al árbitro para que le sacara tarjeta roja y lo montaron en un carrito de esos que saca a los jugadores del campo. Como los capitanes M y X de la mencionada escuela de fútbol son los que hacen las reglas del juego, eligen a los jueces, magistrados y congresistas, decidieron que lo que había hecho el capitán Z era ilegal. Ahora hay dos capitanes que alegan ser legítimos dueños del equipo. Una buena parte de la opinión pública de la región dice que está de acuerdo en que al capitán Z le cometieron una falta por detrás, pero inmediatamente dicen que él se lo buscó por preguntón y por hacer tanta finta. Detrás de ese razonamiento se esconde una preocupante idea antidemocrática de que frente al disenso podría ser justificado el golpe de estado, la falta por detrás a Maradona o la violación de la joven pues ella tuvo la culpa por nacer bonita.
Mientras tanto, los 7 flacos jugadores hondureños siguen en la misma miseria de siempre,uno de los tres países más pobres en la región más desigual del mundo. Nadie habla de ellos,ni de las condiciones estructurales que los mantienen descalzos y desnutridos. Nadie habla de que las razones que llevaron a la guerra en Centroamérica siguen latentes. Más allá de la guerra fría, el comunismo o Chávez, lo que realmente importa es que las transiciones a la democracia realizadas desde las élites no han sabido incluir a la población en el proceso democrático y en el reparto de los beneficios del desarrollo. No existe un Estado de Bienestar en Honduras, eso es casi una utopía, los índices de desarrollo humano son lamentables y la pobreza sigue afectando a cerca de la mitad de la población. Eso no es poca cosa y no se puede llamar a la unidad de Honduras sin tomar en cuenta esto. El conflicto de Honduras, más allá de la metáfora futbolística, se debe entender como una crisis muy seria, producto de las dinámicas de exclusión que imperan en la región. Cualquier intento por cambiar esta lógica, sean bien o mal planteados, se enfrentarán con los detentadores del poder político, económico y militar en Honduras. Mientras las élites hondureñas se sigan comportando como los dueños del balón, sigan haciendo las reglas sólo para defender sus prerrogativas y sigan privando a la mayoría de los hondureños de un nivel de vida digno, los conflictos continuarán. Zelaya podría volver al poder, ojalá que así sea, pero mientras las élites oligárquicas de Honduras no cambien o sean obligadas a cambiar, todo seguirá igual.
Los 7 flacos jugadores hondureños tendrán que buscar fuerzas donde no las hay para terminar el partido, ojalá puedan. Más aún, ¿no sería mejor y más democrático que ellos mismos tuvieran la capacidad y la oportunidad de decidir cómo quieren seguir jugando el partido de sus hasta ahora empobrecidas vidas?
Felipe Alpízar R.
San José de Costa Rica,22 de julio de 2009.

sábado, 24 de enero de 2009

La comunidad de Tayni

Hace un año tuve la oportunidad de conocer a un grupo de gente maravillosa, sencilla, trabajadora, con contradicciones, sensible a los demás pero sobre todo con ganas de mejorar. 
Aquí, desde Madrid, tan lejos de Tayni, (ese pueblo del caribe que los turistas ni siquieran imaginan que existe en las montañas que ven desde un bar en Cahuita) a menudo me acuerdo de ellos. Sobre todo cuando leo a los "grandes teóricos": acción comunicativa, capital social, gobernanza; o cuando oigo a Obama haciendo un llamado a la era de la responsabilidad. Jaja, muy bonito, sí, me alegra mucho pero lo que más me alegra es saber que existe un grupo de gente que está haciendo esas cosas y más. Tienen poca educación "formal" pero saben de cosas que nosotros no sabemos, tienen conflictos, hay envidias, críticas, sí, de por sí pretender que el desarrollo o la democracia son posibles sólo en paz, es ridículo. Hoy leo en la Nación que han abierto un supermercado en Gavilán y me acuerdo de los sueños que ellos expresaron así:
“…quisiéramos ver nuestra comunidad dentro de los años siguientes con buenos puentes, buenas carreteras, clínicas, colegios, supermercados, universidades, con personas de las siguientes capacidades: doctores, licenciados, maestros, profesores, ingenieros”
Y me acuerdo como siempre de Ángel González diciendo adónde está la esperanza: "jamás en el lugar de la derrota, jamás en el dominio de la conformidad, donde la vida se doblega nunca."
Don Ángel, permitame con todo respeto corregirlo, ese lugar también está en Tayni, al final de Valle de la Estrella, pasando el río, en medio de las montañas de Talamanca.

Pd: se puede leer más sobre Tayni en: "Participación ciudadana y sostenibilidad ambiental como camino al desarrollo".
 http://www.nacion.com/ln_ee/2009/enero/24/pais1850700.html y

miércoles, 15 de octubre de 2008

Ahora que el mundo se devuelve

Felo, 15 de octubre de 2008

Ahora que los especuladores, banqueros y demás cardenales de la postmodernidad son enjuicidos -como corresponde a los tiempos- en las portadas de los periódicos, muchos se lamentan y otros reniegan del modelo.

Ahora que sabemos de sus excesos y su irresponsabilidad y miles sienten sus efectos cada día cuando deben enfrentarse a la realidad de levantarse sin saber si podrán comer algo al desayuno o recordar que han perdido sus ahorros, nadie se acuerda de los verdaderos responsables del desastre.

Ahora que Kevin Casas nos explica muy académicamente porque existe descontento con los tratados de libre comercio, uno debe volver a encajarse la mandíbula por la incredulidad de leer esas líneas y fijarse bien en la foto para saber si es una broma o si es la misma persona que escribió el famoso e infame memorándum.

Ahora que el Estado vuelve a ser una buena palabra y los poderosos se reúnen para organizar la forma en que se interviene el mercado financiero y se vuelven a escuchar otras otrora malas palabras como nacionalización bancaria, uno se pone a pensar que pasaría si hubiesen sido los presidentes de América Latina los que hubieran decidido intervenir el mercado en afán de lograr el bienestar de los ciudadanos.

Ahora que nadie se acuerda lo que dijo hace 15, 10 o 5 años o digamos los días previos al 7 de octubre de 2007 cuando se acusaba de comunista aquel que osara desafiar al modelo.

Ahora que Paul Krugman está de moda y gana el Premio Nobel y la gente se acuerda de que otro tipo de economía también es posible, uno se pregunta adonde están los otros, los que nos condujeron a la crisis.

Ahora que los padres del modelo no se acuerdan de lo que dijeron o hicieron en los últimos 20 años y el Consenso de Washigton se confunde en los detalles de la historia, es bueno recordarles, no por la crisis sino por las consecuencias sociales que ha tenido el modelo.

Ahora que todavía es temprano para saber si el mundo va a cambiar o si fue sólo un susto, es bueno echar sal en la herida ideológica de los responsables y pedirles cuentas a los que dirigen el barco y preguntarles: ¿qué pasó?

Ahora que Keynes parece sonreír desde su tumba y se oye su famoso “en el largo plazo todos estaremos muertos” es bueno volverles a decir como en la canción de los Fabulosos Cadillacs: yo te avisé y vos no me escuchaste, conmigo no hablas, yo no soy de tu clase

sábado, 23 de agosto de 2008

Costa Rica ha vuelto a nacer (octubre de 2007, felo)

Hace mucho tiempo que mi país, Costa Rica, no me hacía ilusión. Mis primeros sentimientos juveniles y patrioteros se fueron debilitando por una educación iconoclasta, crítica, dichosamente liberadora pero que produce también una soledad y una desamparo que ya Sartre había explicado.   Pero ese desencanto con mi país se debe sobre todo a que desde que nací y tengo uso de memoria muy pocas cosas que han sucedido aquí me han puesto orgulloso. 

Sólo puedo recordar el Premio Nobel, muy idílico en su momento, pero que luego fui descubriendo que encerraba un desprecio por el trabajo en equipo no sólo de los Presidentes de todo Centroamérica sino de los propios funcionarios de ese gobierno. 

Al cabo de los años, el portador de esa distinción reveló su peor faceta, la arrogancia, las ansías de poder, la codicia y el desprecio por la gente sencilla. 

Al cabo de los años ese premio se nos ha convertido en una carga nacional y su portador es ahora la cara de una élite disfuncional, autista, codiciosa y a menudo antidemocrática.   

Otro hecho reciente que recuerdo fue la movilización social para derrotar el intento de esa élite de privatizar el ICE, esa institución emblema de nuestro desarrollo. Eso fue pura resistencia pacífica, primero de los sindicatos y universitarios y luego del país. 

Al cabo de los años, nos dimos cuenta que quienes habían impulsado esa reforma, incluido el Presidente de la República habían recibido sobornos de las compañías trasnacionales con intereses en el sector. Para verdades el tiempo.   

Pero este domingo 30 de setiembre, esta semana de octubre de 2007, me he sentido feliz de ser parte de esta Costa Rica que quiere volver a ser diferente. Ya lo hemos hecho antes.   En 1856 la expansión estadounidense hizo llegar un ejército de filibusteros a Nicaragua, que cayó rendida por sus diferencias internas, el resto de Centroamérica observó pasiva el curso de los acontecimientos. Costa Rica se levantó en armas para detener “la oprobiosa esclavitud” en palabras de Juanito Mora, fue a Nicaragua a luchar, luchó en Rivas y luchó en Santa Rosa y al cabo de un año los campesinos descalzos vencieron a los estadounidenses. Más del 10% de la población nacional murió en esa gesta.   La década de 1940 también nos distinguió. Una alianza inédita entre la Iglesia Católica, el gobierno conservador y el Partido Comunista permitió aprobar las reformas sociales: el Código de Trabajo, crear la Universidad de Costa Rica, fundar el sistema de salud, entre otras cosas, y sentar las bases del estado social. En esa misma década dos bandos se enfrentaron en guerra civil, pero la paradoja fue que el bando vencedor entregó el poder al presidente electo, abolió el ejército y continúo la senda iniciada años atrás: nacionalización bancaria, distribución de la tierra a los campesinos, democratización de la electricidad y la telefonía. Mi país disfrutó de un modelo solidario que logró reducir la pobreza, distribuir la riqueza y convertirlo en líder moral en el mundo. Años después los Centroamericanos se desgarraron en guerras civiles para conseguir esto y aún hoy no lo logran.   

Pero en las décadas de 1970 y 1980 todo se empezó a derrumbar, corrupción, desgobierno, ajuste estructural, deuda y la codicia, ese perro hambriento que siempre nos acecha. Desde entonces la nueva élite ha querido desmantelar eso que nos distinguió.   

Este domingo 30 de setiembre, esta mañana típica de la época, “huele a agua” pero otra cosa está pasando. En el Paseo Colón miles de personas están reunidas por la misma cosa. En medio de los árboles de la avenida, la vista alcanza para darse cuenta que casi un kilometro de una calle de 4 carriles está llena de gente, serán 20.000, 50.000 o serán 100.000, no importa, son muchos más que en las manifestaciones del combo y mucho más de lo que nunca he visto.   Nos acercamos a la tarima principal en medio de máscaras, pancartas, arte, risa, ostentando alegría, música. Arriba un anciano, un padre de la Iglesia Católica, de la estirpe de Monseñor Romero, antes de hablarnos de justicia social, se aclara su garganta y con voz de trueno nos pide cantar la patriótica costarricense: “Costa Rica es mi patria querida… La defiendo, la quiero, la adoro y por ella mi vida daría, siempre libre ostentando alegría, de sus hijos será la ilusión.” No pude sostener las lágrimas y lloré como muchos otros a mi lado, de emoción, de alegría, un poco de rabia, pero sobre todo de patria.   

Ese día nació esa canción para mí, pero sobre todo la ilusión de que en Costa Rica algo puede cambiar. Podemos ser diferentes otra vez, el mundo nos está observando.   Queremos comercio justo, queremos otra globalización, queremos autonomía para decidir qué hacer con nuestras instituciones, queremos cuidar nuestros mares y bosques, queremos tener menos pobres, queremos equidad, oportunidades, trabajo, “no pido eternidades llenas de estrellas blancas. Pido ternura, cena, silencio, pan y casa…” (Hombre, Debravo). 

Tengo una bandera, ya raída, con mi estandarte escrito a mano: “Costa Rica libre y solidaria”. La amarro en mi espalda, salgo a la calle, respiro patria. Voy a votar y espero que la mayoría de costarricenses hayan llegado a la misma reflexión. De todas formas algo cambió ya, después de esta semana no somos los mismos. La patria es nuestra ilusión, ostentamos alegría.

lunes, 11 de agosto de 2008

Negación del fútbol, las mujeres y la birra

Negación del fútbol, las mujeres y la birra (o del destino de los dictadores)   
Felo   

No, no y no. Lo siento por el lector que esté siendo testigo de este arrebato, pero me niego a ser víctima de esta imposición.   Un amigo mío, Tavinski, me invitó, casi como una obligación a escribir sobre “el fútbol, las mujeres o la birra” (perdón Marito). El último caso que conozco, en el que obligaron a alguien a escribir sobre un tema, es el de Martín Romaña, a quien su amada Inés, (no es mi caso) le sugirió a manera de mandato (sí es mi caso) escribir sobre un sindicato de pescadores de la costa peruana. Lo que resultó fue un terrible libro, llenó de alusiones ideológicas y desilusiones amorosas, sin contar con otras exageraciones como las hemorroides del señor Romaña.   Precisamente como  no quiero terminar en un viacrucis como el de Martín, decidí revelarme contra las imposiciones de Tavinski. Es más para que vean la osadía a la que ha llegado mi amigo, les voy a contar la última de sus tiranías. Cuando supo que lo iba a incluir en esta historia me pidió que lo caracterizara como un húngaro, a pesar de que él es absolutamente tico. Se puede imaginar que atrevimiento, venir a imponerme personajes, faltaba más.   En todo caso, ante el peligro de que no me publiquen lo que escribo voy a referirme a los tres temas mencionados.   
Definitivamente hay que empezar por la mujer, que es a donde todo comienza y donde todo termina. Se pueden decir cosas corrientes: “te quiero mi amor, no me dejes solo, mira que yo lloro” (ver cantante cubano), pero eso sin duda se encuentra en cualquier tarjeta de esas que se compran en Hallmark para el 14 de febrero. Como en esto el papel aguanta lo que le pongan, se pueden escribir todo tipo de divagaciones, canciones, olas del mar a nombre de la amada, hacer tratos, proponer tácticas y estrategias, escribir los versos más hermosos y dormir en hondonadas. Como ven prefiero remitirme a otros, pero en otro momento, cuando hablemos del amor. Por ahora el que siga interesado me puede preguntar y hablamos con calma.   
En el tema del fútbol me parece que aparte de lo de Eduardo Galeano, no se puede escribir mucho. Sobre todo ahora que hasta los gallos hablan del deporte sólo para vendernos una tele. Hago la importante aclaración de que para mí el fútbol es más que un deporte y que lo he vivido intensamente. Precisamente ahí está el detalle (como diría Cantinflas o un profesor de Teoría Política y Trivialidades Afines), el fútbol o se ha vivido o no se le entiende, por más de que uno pueda escribir maravillas sobre él. Sólo si se ha jugado bajo la lluvia, pensando que se está en una final en el Santiago Bernabeu o si se ha gritado como un loco en algún estadio local, sabe uno de que se trata. Prefiero gritar un gol a mil páginas escritas sobre fútbol.   
La birra es el último tema al que Tavinski quiere que me refiera, pero sucede algo semejante a con el fútbol. Se podrían explicar sus componentes o su delicado equilibrio químico, así como sus efectos colaterales. Pero parafraseando a Octavio Paz, podemos decir que la birra no es un decir es un hacer y cuando digo esto la birra o se acabó o se calentó (como suele suceder en el café cultural Massé).   
Ahora que ya dejamos atrás los formalismos temáticos vamos a ir al fondo del asunto. Recientemente me enteré de una situación muy particular, que le va a servir a mi amigo Tavinski como escarmiento por si decide continuar por la senda del autoritarismo en la que peligrosamente se inicia.   La historia es una nueva versión de mitología griega, es la historia del antiprometeo moderno, ya que cuenta como los dioses griegos volvieron al mundo de los mortales en pleno siglo veinte y se sorprendieron e indignaron tanto que decidieron hacer algo al respecto. Me refiero sobre todo a las incontables dictaduras y guerras que inundaron el pasado siglo. Antes de continuar debo advertir que el carácter de los dioses había cambiado con los siglos, ya que durante todo este tiempo estuvieron en un congreso filosófico para replantear su papel en el mundo (cualquier alusión con partidos políticos resulta obvia), y decidieron fundar el Salón de la Justicia en pleno Olimpo. Así es como al ver en lo que había terminado el regalo de Prometeo, esto es guerras, armas nucleares, represión, desapariciones y violencia, decidieron condenar a todos los dicatorzuelos y generaluchos del siglo veinte.   Después de una reunión intensa de la Comisión de Dioses por una Humanidad Mejor decidieron adaptar la condena de Prometeo a los tiempos modernos. Por supuesto que no pudieron encontrar un monstruo tan disciplinado como para comerles las tripas a cientos de condenados todos los días (son otros tiempos). Así que decidieron hacer que todos los generales, tiranos y bichos perversos en general, cuando murieran (los dioses no estaban de acuerdo con la pena de muerte), iban a ser reencarnados en escusados y letrinas de todo el mundo. Con esto se aseguraban que todos los criminales encontraran condena, porque aunque son muchos sin duda son más los escusados.   Así el primer criminal en morir fue Pinochet, quién se creyó por muerto, libre de toda culpa, pero no. A él le tocó convertirse en una letrina de una academia militar, donde por pura ironía cientos de hombres de su propio ejército hacían sus deposiciones diarias. Pinochet recibía mierda todo el día, de vez en cuando uno de sus colaboradores lo limpiaba como previendo que él también llegaría a ser letrina algún día. Pero igual no faltaba algún soldado que en plena noche y por culpa de haber comido refritos, garbanzos y chicharrones, se levantara con un ataque de incontenible diarrea y llenara a Pinochet con despojos humanos del tipo más bajo.   Así la rutina continuaba todos los días, Pinochet por momentos se veía libre de su castigo, y cual antiprometeo moderno sus tripas le crecían, pero los hombres siempre volvían del campo a desahogar sus vejigas y tripas y al generalucho no le quedaba más que resistir enmierdado su castigo.   Después de Pinochet le seguirían muchos más, que de acuerdo con una tipología de sus crímenes eran condenados a ser letrinas o escusados, y según la cantidad de atrocidades eran asignados según la cantidad de personas que hacían uso de ellos. Por ejemplo a los más afortunados les tocaba ser el escusado de una abuelita viuda que padecía de estreñimiento, pero a otros como a Pinochet les tocaba recibir regimientos enteros.   El único problema es que los generales vivos aún no sabían del castigo que les esperaba y continuaba engrosando las listas de posibles letrinasgos. Como ven a otros si nos llegó la historia. Por ello a partir de este momento quedan todos advertidos del destino de los dictadores y tiranos. Además, si pensamos que diariamente estamos condenando un tirano, podemos deponer nuestros restos con un sentido de justicia superior.   

Noviembre, 2002.