Seguí tu cauce, agua de néctar que destruye mi tristeza, y me llevó hasta la ciudad. Practiqué mis transparentes habilidades para abrazarte con mis labios y alguno me dijo que tu morada húmeda estaba cerca. Entonces me decidí a mandarte un beso volado y sin coordenadas pero como la neblina que acaricia las altas montañas se dispersó por el aire.
El recuerdo de tu cuerpo tatuado en mis dedos sirvió para encauzar su rumbo, intuía la cercanía de tu risa, pero aún así no fue suficiente para encontrar tu naciente y al fin la turbia ciudad logró confundirle. Sobrevoló los techos, copas de árboles grisáceos, carreteras de negro discurrir, pero como un hilo de agua confundido en un pastizal de verano, se fue secando, fue perdiendo fuerza y altura.
Entonces se decidió a buscar algún otro rostro de mujer, mejilla fecunda para su rocío, y se estrelló cerca de la comisura del labio derecho de una estudiante que pasaba por ahí. La joven sintió una ráfaga de húmeda calidez, se sonrió y pensó sonrojada que tal vez su novio también la estaría deseando.
Nunca entendió que ese beso, flor de nube, sólo pasaba por ahí, perdido, confundido por el derretido fluir de los glaciares himalayos, altas cumbres de pasión. Pero tampoco importaba mucho no saber, la humedad placentera que le subió por el cuerpo fue lo mejor de ese día. Además, el beso podía continuar así su incesante ciclo de agua.
Ferdonello Gueco (cc: Felo Alpízar)
San José, 14 de julio de 2010.
jueves, 22 de julio de 2010
miércoles, 26 de mayo de 2010
¿Otros entretelones del aumento de salarios de los diputados(as)?
Felipe Alpízar R.
La discusión sobre el aumento en el salario de los diputados(as) y su aprobación el pasado lunes 24 de mayo ha provocado una oleada de indignación. Numerosos artículos de opinión en la prensa nacional, comentarios en las redes sociales e insultos callejeros dan cuenta del malestar ciudadano en contra de los(as) legisladores y la propia Asamblea Legislativa. ¿Pero será esto realmente un acto de torpeza, una tontería, una muestra de pésima estrategia política?
Una premisa básica de la sociología política práctica dice que uno no puede suponer que los demás son más tontos que uno mismo. Es decir, que si cualquiera de nosotros se da cuenta de que el gobierno y sus aliados están cometiendo un tremendo error de cálculo político es evidente que ellos también lo saben. Entonces, ¿por qué siguen adelante con el aumento? La primera explicación posible tiene que ver con el característico autismo de nuestra clase política, esa condición patológica de desconexión con la realidad de la que sufren muchos miembros de los partidos políticos tradicionales. Si a esto se le añade la soberbia como rasgo fundamental del liderazgo ejercido los últimos cuatro años, uno podría pensar en estos dos elementos como una explicación posible: no se dan cuenta y si lo hacen no les importa.
Pero aún cuando esto sea cierto, este acto tendrá otras consecuencias, varias de ellas premeditadas. Y seguramente los estrategas del Partido Liberación Nacional y los grupos económicos adyacentes saben muy bien cuáles podrían ser esos efectos. Si algo ha caracterizado a los grupos dominantes es su capacidad de análisis y sus habilidades como estrategas políticos agudos.
Por un lado es evidente que estos hechos desprestigian a los legisladores que han apoyado el aumento, pero también deslegitiman a la Asamblea Legislativa en su conjunto. Esto viene pasando desde hace mucho tiempo, de hecho forma parte de una tendencia global que intenta desprestigiar todos aquellos espacios donde se ejerce la política dentro de reglas relativamente democráticas. ¿Adónde está la oposición al gobierno? ¿Cuál poder se supone que hace contrapeso al Ejecutivo? ¿Adónde se sientan los representantes electos que son críticos con el gobierno y los grupos económicos? Todas esas preguntas, como ya sabe el lector, se responden fácilmente: en la Asamblea Legislativa. De esa manera parece bastante evidente que desprestigiar al Congreso en su conjunto, aunque eso suponga el suicidio político de sus propios legisladores, es una maniobra bastante sensata desde el punto de vista de la clase dominante, es decir el PLN, PML el PUSC y los grupos económicos ligados a la economía internacional. En resumen, la práctica del serrucho, de safarle la tabla y desprestigiar a la Asamblea Legislativa favorece al Poder Ejecutivo y a los poderes económicos (el poder de facto detrás del trono) del país.
Por supuesto que alguien podría responder que el gobierno también necesita al Congreso y que no le sirve una Asamblea Legislativa desprestigiada. Eso puede ser cierto. ¿Pero cuáles leyes que interesan al Gobierno y a la clase dominante aún faltan por ser aprobadas? Por ahora sólo se me ocurre el proyecto de ley para abrir el mercado eléctrico, pues casi todas las demás ya fueron aprobadas en el marco del CAFTA. Pero de todas formas un Congreso desprestigiado pero con mayoría –como el actual- puede aprobar estas leyes. El otro tema supuestamente en la agenda es la reforma fiscal, pero uno pensaría que este asunto tampoco interesa al gobierno ni a los grupos económicos dominantes que dada la estructura tributaria del país pagan pocos impuestos. Como el ejercicio del poder también implica evitar que ciertos temas se discutan o se ejecuten ciertas reformas, parece lógico pensar que en este momento existen fuertes presiones para evitar una reforma fiscal progresiva. De nuevo, se podría suponer que el aumento de los salarios de los diputados(as) le resta legitimidad a la Asamblea Legislativa y debilita las intenciones de realizar la reforma fiscal, pues parece poco probable que el ciudadano común les crea cuando nos digan que hacen faltan sacrificios o que no hay dinero en las arcas del Estado.
Que la política es como un gran teatro, que algunos actores representan ciertos papeles y que existe una especie de guión con una intencionalidad, lo sospechamos desde hace tiempo. Ahora le tocó al Ex Ministro de Hacienda y actual diputado Guillermo Zúñiga el papel del diputado honesto y consciente y a Viviana Martín, jefa de fracción, le tocó ser la mala de la película. Luego, si Laura Chinchilla veta la ley para aumentar el salario de los diputados, será ella la heroína de esta trama. El daño a la Asamblea Legislativa estará hecho y la popularidad de la Presidenta quedará resguardada. Seguiremos sin contrapeso a los poderes fácticos y seguiremos sin reforma fiscal. Pero que siga el teatro, el show debe continuar.
San José, 26 de mayo de 2010.
La discusión sobre el aumento en el salario de los diputados(as) y su aprobación el pasado lunes 24 de mayo ha provocado una oleada de indignación. Numerosos artículos de opinión en la prensa nacional, comentarios en las redes sociales e insultos callejeros dan cuenta del malestar ciudadano en contra de los(as) legisladores y la propia Asamblea Legislativa. ¿Pero será esto realmente un acto de torpeza, una tontería, una muestra de pésima estrategia política?
Una premisa básica de la sociología política práctica dice que uno no puede suponer que los demás son más tontos que uno mismo. Es decir, que si cualquiera de nosotros se da cuenta de que el gobierno y sus aliados están cometiendo un tremendo error de cálculo político es evidente que ellos también lo saben. Entonces, ¿por qué siguen adelante con el aumento? La primera explicación posible tiene que ver con el característico autismo de nuestra clase política, esa condición patológica de desconexión con la realidad de la que sufren muchos miembros de los partidos políticos tradicionales. Si a esto se le añade la soberbia como rasgo fundamental del liderazgo ejercido los últimos cuatro años, uno podría pensar en estos dos elementos como una explicación posible: no se dan cuenta y si lo hacen no les importa.
Pero aún cuando esto sea cierto, este acto tendrá otras consecuencias, varias de ellas premeditadas. Y seguramente los estrategas del Partido Liberación Nacional y los grupos económicos adyacentes saben muy bien cuáles podrían ser esos efectos. Si algo ha caracterizado a los grupos dominantes es su capacidad de análisis y sus habilidades como estrategas políticos agudos.
Por un lado es evidente que estos hechos desprestigian a los legisladores que han apoyado el aumento, pero también deslegitiman a la Asamblea Legislativa en su conjunto. Esto viene pasando desde hace mucho tiempo, de hecho forma parte de una tendencia global que intenta desprestigiar todos aquellos espacios donde se ejerce la política dentro de reglas relativamente democráticas. ¿Adónde está la oposición al gobierno? ¿Cuál poder se supone que hace contrapeso al Ejecutivo? ¿Adónde se sientan los representantes electos que son críticos con el gobierno y los grupos económicos? Todas esas preguntas, como ya sabe el lector, se responden fácilmente: en la Asamblea Legislativa. De esa manera parece bastante evidente que desprestigiar al Congreso en su conjunto, aunque eso suponga el suicidio político de sus propios legisladores, es una maniobra bastante sensata desde el punto de vista de la clase dominante, es decir el PLN, PML el PUSC y los grupos económicos ligados a la economía internacional. En resumen, la práctica del serrucho, de safarle la tabla y desprestigiar a la Asamblea Legislativa favorece al Poder Ejecutivo y a los poderes económicos (el poder de facto detrás del trono) del país.
Por supuesto que alguien podría responder que el gobierno también necesita al Congreso y que no le sirve una Asamblea Legislativa desprestigiada. Eso puede ser cierto. ¿Pero cuáles leyes que interesan al Gobierno y a la clase dominante aún faltan por ser aprobadas? Por ahora sólo se me ocurre el proyecto de ley para abrir el mercado eléctrico, pues casi todas las demás ya fueron aprobadas en el marco del CAFTA. Pero de todas formas un Congreso desprestigiado pero con mayoría –como el actual- puede aprobar estas leyes. El otro tema supuestamente en la agenda es la reforma fiscal, pero uno pensaría que este asunto tampoco interesa al gobierno ni a los grupos económicos dominantes que dada la estructura tributaria del país pagan pocos impuestos. Como el ejercicio del poder también implica evitar que ciertos temas se discutan o se ejecuten ciertas reformas, parece lógico pensar que en este momento existen fuertes presiones para evitar una reforma fiscal progresiva. De nuevo, se podría suponer que el aumento de los salarios de los diputados(as) le resta legitimidad a la Asamblea Legislativa y debilita las intenciones de realizar la reforma fiscal, pues parece poco probable que el ciudadano común les crea cuando nos digan que hacen faltan sacrificios o que no hay dinero en las arcas del Estado.
Que la política es como un gran teatro, que algunos actores representan ciertos papeles y que existe una especie de guión con una intencionalidad, lo sospechamos desde hace tiempo. Ahora le tocó al Ex Ministro de Hacienda y actual diputado Guillermo Zúñiga el papel del diputado honesto y consciente y a Viviana Martín, jefa de fracción, le tocó ser la mala de la película. Luego, si Laura Chinchilla veta la ley para aumentar el salario de los diputados, será ella la heroína de esta trama. El daño a la Asamblea Legislativa estará hecho y la popularidad de la Presidenta quedará resguardada. Seguiremos sin contrapeso a los poderes fácticos y seguiremos sin reforma fiscal. Pero que siga el teatro, el show debe continuar.
San José, 26 de mayo de 2010.
viernes, 14 de mayo de 2010
El viaje milenario
Para todos los guecos
…Hombres de todo mar y toda tierra. Fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo. Solsticios y equinoccios alumbraron con su cambiante luz, su variocielo, el viaje milenario de mi carne trepando por los siglos y los huesos…
Ángel González
La primera vez que los ví, sólo atiné a mover mi cuello siguiendo el ritmo de sus cuerpos sobre la arena. Me avergonzé del color de mis escamas al ver sus cuerpos torneados por los tambores africanos y los soles amazónicos. Entonces decidí seguirlos adonde fueran, en sus caminatas por la selva húmeda aprendí a colgarme de sus aromas y perdí el miedo a los abismos. Aprendí a columpiarme por mecates deshilachados y llenos de corales, sentí las humedades de las lluvias caribeñas hasta que el musgo empañó mis ventosas.
Así llegué hasta tus costas, donde los vi morir entre soampos, sancudos, cadenas, malaria, corredores de madera y árboles de ilan-ilan. De ellos aprendí también el arte de besar. El movimiento de mi cuello fue acompañado por el tuc tuc de mis labios llamándote.
Me ví sólo, deambulé buscando otros como ellos, mi piel se descoloró conforme subí montañas y el frío me hizo aún más pequeño. Los niños me perseguían intrigados por mi transparencia y mi extraña habilidad. Unos trataron de imitar mi llamado y se perdieron detrás de los labios de alguna niña. Otros me arrancaron la cola con crueldad, sólo para ver como se retorcía en la tierra saltando como si tuviera vida propia. Pero mi cuerpo siempre ha tenido la terquedad de renacer, la avidez de los besos.
Una niña me llevó a su casa y me mostró a los demás como “la lagartija que regala besos”. Hubo quien la corrigió con oficio científico y extrañas palabras en latín. Preferí susurrarle al oído que me gustaba como ella me nombraba, aunque en mis adentros sólo existía un nombre, el que estaba tatuado en la espalda de esos dos cuerpos africanos que me enseñaron el oficio milenario de besar.
Hace mucho que la niña también se fue. Y ahora estoy acá, buscando de nuevo tu nombre, viendóte de lejos. Y sólo cuando la noche te arropa y cubre tus hombros y una extraña luz sale de tus labios y una llama se te prende con olor a risas y piel, sólo entonces me animo a volver a mover mi cuello y lanzarte mis besos, sólo para escuchar tu voz cuando dice: “mirá que lindo ese geco, parece que estuviera regalando besos.”
felo
…Hombres de todo mar y toda tierra. Fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo. Solsticios y equinoccios alumbraron con su cambiante luz, su variocielo, el viaje milenario de mi carne trepando por los siglos y los huesos…
Ángel González
La primera vez que los ví, sólo atiné a mover mi cuello siguiendo el ritmo de sus cuerpos sobre la arena. Me avergonzé del color de mis escamas al ver sus cuerpos torneados por los tambores africanos y los soles amazónicos. Entonces decidí seguirlos adonde fueran, en sus caminatas por la selva húmeda aprendí a colgarme de sus aromas y perdí el miedo a los abismos. Aprendí a columpiarme por mecates deshilachados y llenos de corales, sentí las humedades de las lluvias caribeñas hasta que el musgo empañó mis ventosas.
Así llegué hasta tus costas, donde los vi morir entre soampos, sancudos, cadenas, malaria, corredores de madera y árboles de ilan-ilan. De ellos aprendí también el arte de besar. El movimiento de mi cuello fue acompañado por el tuc tuc de mis labios llamándote.
Me ví sólo, deambulé buscando otros como ellos, mi piel se descoloró conforme subí montañas y el frío me hizo aún más pequeño. Los niños me perseguían intrigados por mi transparencia y mi extraña habilidad. Unos trataron de imitar mi llamado y se perdieron detrás de los labios de alguna niña. Otros me arrancaron la cola con crueldad, sólo para ver como se retorcía en la tierra saltando como si tuviera vida propia. Pero mi cuerpo siempre ha tenido la terquedad de renacer, la avidez de los besos.
Una niña me llevó a su casa y me mostró a los demás como “la lagartija que regala besos”. Hubo quien la corrigió con oficio científico y extrañas palabras en latín. Preferí susurrarle al oído que me gustaba como ella me nombraba, aunque en mis adentros sólo existía un nombre, el que estaba tatuado en la espalda de esos dos cuerpos africanos que me enseñaron el oficio milenario de besar.
Hace mucho que la niña también se fue. Y ahora estoy acá, buscando de nuevo tu nombre, viendóte de lejos. Y sólo cuando la noche te arropa y cubre tus hombros y una extraña luz sale de tus labios y una llama se te prende con olor a risas y piel, sólo entonces me animo a volver a mover mi cuello y lanzarte mis besos, sólo para escuchar tu voz cuando dice: “mirá que lindo ese geco, parece que estuviera regalando besos.”
felo
lunes, 22 de marzo de 2010
tiempos verbales
Estoy descuidando los tiempos verbales,
sigo pensando en plural y presente,
me niego a aceptar que fuimos
y que no somos.
Vivimos, vamos a construir, soñamos,
viajamos, tenemos, son descuidos,
trampas gramaticales
de un amor que se rehúsa a morir.
Y claro, algunos me corrigen
y me aclaran que vivo,
construyo, sueño, viajo, soy.
E incluso puede ser que ellos sepan
conjugar los verbos en los tiempos
y pronombres correctos.
Pero para mí las palabras juegan solas,
tienen fuerza propia,
saben mejor que yo.
Así que mejor dejo que los tiempos
y los pronombres hagan su trabajo,
ya sabré yo si algún día los alcanzo.
felo
sigo pensando en plural y presente,
me niego a aceptar que fuimos
y que no somos.
Vivimos, vamos a construir, soñamos,
viajamos, tenemos, son descuidos,
trampas gramaticales
de un amor que se rehúsa a morir.
Y claro, algunos me corrigen
y me aclaran que vivo,
construyo, sueño, viajo, soy.
E incluso puede ser que ellos sepan
conjugar los verbos en los tiempos
y pronombres correctos.
Pero para mí las palabras juegan solas,
tienen fuerza propia,
saben mejor que yo.
Así que mejor dejo que los tiempos
y los pronombres hagan su trabajo,
ya sabré yo si algún día los alcanzo.
felo
viernes, 8 de enero de 2010
Costa Rica o Costa Rota?
Felipe Alpízar R.
Estas últimas semanas de la campaña política de cara a las próximas elecciones de febrero de 2010 vienen cargadas de mensajes, promesas, informaciones y desinformaciones, verdades y mentiras. Así funciona la democracia de audiencia, aquella que se libra en los medios de comunicación. Y a pesar de que el ruido mediático trata de fijar en nuestras mentes cuáles son los “principales problemas” del país, afuera de los medios ocurren otras cosas que también son importantes.
Desenmascar todas las promesas vacías de esta campaña sería una larga tarea y sospecho que los y las costarricense sabe distinguir cuando les mienten o no les dicen toda la verdad. Sin embargo, hay un elemento común a muchos de los problemas que enfrenta el país que no es nombrado o no es tan fácil de identificar. Algunos ejemplos pueden ayudar.
Imagínese que está sentado en un taxi o manejando su propio vehículo en una larga fila, con paciencia y educación, tratando de aguantarse las ganas de hacer sonar la bocina y de pronto un autómovil pasa por la cuneta y se coloca de primero en la fila. Usted siente una cierta rabia, pero se contiene. La persona que maneja el vehículo que se “coló” seguramente pensará que es el más astuto, el más “carga” y que esperar en la fila es un atraso o es de tontos. Obviamente acá hay un desprecio por los demás, por las normas sociales, por la autoridad, cierto cinismo y por supuesto un individualismo egoísta al extremo.
Ahora imagínese que a usted le gusta hacer ejercicio, digamos salir a caminar o andar en bicicleta por la zona de Escazú o Santa Ana. Si usted se da cuenta en estos lugares como en muchos otros, existen casas lujosos con ostentosos carros parqueados en sus cocheras que conviven con otras más humildes, pero lo reto a que encuentre una acera decente por donde caminar. ¿Por qué? ¿Porque los dueños de los condominios o de las casas de lujo no construyeron aceras? Sin entrar a valorar la responsabilidad de la municipalidad, en este ejemplo podemos encontrar la misma actitud egoísta e individualista del anterior caso. El dueño de la casa podría pensar que mientras su propiedad dentro de los altos muros sea bonita y segura, el entorno no importa mucho. Y en esta actitud también hay un desprecio por el otro, el que se ve obligado a caminar por la calle estrecha. Y esto es una manifestación de la cultura del cinismo y el “sálvese quien pueda” características de nuestra sociedad, un irrespeto a las normas sociales de convivencia y por supuesto a las reglas estatales.
Si usted piensa por un momento en otros problemas sociales en estos términos podrá entender otras cosas. Por ejemplo, si piensa en la corrupción como un acto en que un individuo toma recursos que son de todos para su beneficio privado también podría sospecharse de esta misma conducta individualista, donde la única norma que parece prevalecer es ese lema popular que le oí a un taxista el otro día: “primero mis dientes, después mis parientes.”
Y que tal si tratamos de pensar en la inseguridad, un fenómeno complejo sin duda, en estos términos. ¿Será que podemos defendernos sólos, como individuos aislados en una selva de concreto y rejas donde el más fuerte es el que gana? Y que pasa si hay otros más “astutos”, más violentos, mejor armados que nosotros. ¿Qué significa perder la competencia individualista en el tema de la seguridad?
Puede ser que el costarricense siempre haya sido así, egoísta, individualista y enmontañado como diría Constantino Láscariz. No lo sé, pero añorar un pasado donde la convivencia podría haber sido mejor, si lo fue, debería servirnos para entender qué fue lo que se perdió. En los últimos años, informes e investigaciones muy serias han abordado estos temas y dan señales preocupantes, pero muchas de estas cosas están a simple vista. Las relaciones de confianza, reciprocidad, respeto por el vecino y por las normas sociales y estatales son como el cemento que mantiene unidos los bloques de una sociedad. Sin ese cemento, la sociedad se rompe y se cae y provoca aún más dolor y muerte que un terremoto.
En los últimos 30 años en Costa Rica se ha repetido incansablemente el discurso de que el Estado no sirve, de que todos roban, de que los funcionarios públicos son ineptos y de que el único camino posible es buscar el beneficio privado y personal. Esto es un discurso que a fuerza de repetirlo se ha grabado en la mente de las personas y no sólo es importante determinar si es cierto o no. Los ejemplos anteriores intentaban explicar que ese discurso tiene consecuencias y límites y se traduce en problemas cotidianos. Porque el Estado no es sólo un conjunto de instituciones, eficientes o no, sino también la mayor expresión de la voluntad de vivir juntos de acuerdo con unas reglas de convivencia social. Cuando se afirma que el Estado es el problema, que es demasiado grande y se le descuida hasta que termina maltratando a sus ciudadanos (calles malas, platinas, puentes que se caen, personas sin techo o comida), se está dinamitando la confianza de las personas, su voluntad de vivir juntos, de respetar las reglas. Y contribuye, junto con otras cosas, a que las personas piensen que lo mejor es salvarse a como haya lugar, despreciando al Otro. El Otro que llegó tarde al trabajo por las largas filas, el Otro que atropellaron porque no había acera, el Otro que asaltaron.
Prefiero creer que esa actitud de individualismo cínico, de sálvese quien pueda, no está presente en todos los costarricenses y que muchas veces actuamos movidos por otras fuerzas de convivencia social como la solidaridad, la amabilidad, la confianza y el respeto por el Otro. Pero también se debe comprender que las sociedades no son un mercado, ni son una suma de individuos aislados luchando unos contra otros por un beneficio privado, en el que gana el más fuerte. Porque si las sociedades se plantean así, se justifican así y las instituciones funcionan de acuerdo con esa dinámica, no debemos extrañarnos si un día nos toca perder en esta competencia. Porque como individuos aislados no podemos resolver los problemas que son comunes, porque su carro 4x4 no puede pasar por encima de la fila, porque los muros de su condominio nunca serán lo suficientemente altos, y sus armas nunca serán las más fuertes. Y sobre todo porque los “perdedores” en esta competencia son personas como usted, con rostros, sueños e ilusiones.
Lo reto a que busque más ejemplos de este comportamiento individualista en su vida cotidiana y si encuentra un candidato que le parece que tiene la solución a este problema le ruego que me escriba y me diga cuál es.
San José, 8 de enero de 2010.
Correo: felipealpizar@hotmail.com
Estas últimas semanas de la campaña política de cara a las próximas elecciones de febrero de 2010 vienen cargadas de mensajes, promesas, informaciones y desinformaciones, verdades y mentiras. Así funciona la democracia de audiencia, aquella que se libra en los medios de comunicación. Y a pesar de que el ruido mediático trata de fijar en nuestras mentes cuáles son los “principales problemas” del país, afuera de los medios ocurren otras cosas que también son importantes.
Desenmascar todas las promesas vacías de esta campaña sería una larga tarea y sospecho que los y las costarricense sabe distinguir cuando les mienten o no les dicen toda la verdad. Sin embargo, hay un elemento común a muchos de los problemas que enfrenta el país que no es nombrado o no es tan fácil de identificar. Algunos ejemplos pueden ayudar.
Imagínese que está sentado en un taxi o manejando su propio vehículo en una larga fila, con paciencia y educación, tratando de aguantarse las ganas de hacer sonar la bocina y de pronto un autómovil pasa por la cuneta y se coloca de primero en la fila. Usted siente una cierta rabia, pero se contiene. La persona que maneja el vehículo que se “coló” seguramente pensará que es el más astuto, el más “carga” y que esperar en la fila es un atraso o es de tontos. Obviamente acá hay un desprecio por los demás, por las normas sociales, por la autoridad, cierto cinismo y por supuesto un individualismo egoísta al extremo.
Ahora imagínese que a usted le gusta hacer ejercicio, digamos salir a caminar o andar en bicicleta por la zona de Escazú o Santa Ana. Si usted se da cuenta en estos lugares como en muchos otros, existen casas lujosos con ostentosos carros parqueados en sus cocheras que conviven con otras más humildes, pero lo reto a que encuentre una acera decente por donde caminar. ¿Por qué? ¿Porque los dueños de los condominios o de las casas de lujo no construyeron aceras? Sin entrar a valorar la responsabilidad de la municipalidad, en este ejemplo podemos encontrar la misma actitud egoísta e individualista del anterior caso. El dueño de la casa podría pensar que mientras su propiedad dentro de los altos muros sea bonita y segura, el entorno no importa mucho. Y en esta actitud también hay un desprecio por el otro, el que se ve obligado a caminar por la calle estrecha. Y esto es una manifestación de la cultura del cinismo y el “sálvese quien pueda” características de nuestra sociedad, un irrespeto a las normas sociales de convivencia y por supuesto a las reglas estatales.
Si usted piensa por un momento en otros problemas sociales en estos términos podrá entender otras cosas. Por ejemplo, si piensa en la corrupción como un acto en que un individuo toma recursos que son de todos para su beneficio privado también podría sospecharse de esta misma conducta individualista, donde la única norma que parece prevalecer es ese lema popular que le oí a un taxista el otro día: “primero mis dientes, después mis parientes.”
Y que tal si tratamos de pensar en la inseguridad, un fenómeno complejo sin duda, en estos términos. ¿Será que podemos defendernos sólos, como individuos aislados en una selva de concreto y rejas donde el más fuerte es el que gana? Y que pasa si hay otros más “astutos”, más violentos, mejor armados que nosotros. ¿Qué significa perder la competencia individualista en el tema de la seguridad?
Puede ser que el costarricense siempre haya sido así, egoísta, individualista y enmontañado como diría Constantino Láscariz. No lo sé, pero añorar un pasado donde la convivencia podría haber sido mejor, si lo fue, debería servirnos para entender qué fue lo que se perdió. En los últimos años, informes e investigaciones muy serias han abordado estos temas y dan señales preocupantes, pero muchas de estas cosas están a simple vista. Las relaciones de confianza, reciprocidad, respeto por el vecino y por las normas sociales y estatales son como el cemento que mantiene unidos los bloques de una sociedad. Sin ese cemento, la sociedad se rompe y se cae y provoca aún más dolor y muerte que un terremoto.
En los últimos 30 años en Costa Rica se ha repetido incansablemente el discurso de que el Estado no sirve, de que todos roban, de que los funcionarios públicos son ineptos y de que el único camino posible es buscar el beneficio privado y personal. Esto es un discurso que a fuerza de repetirlo se ha grabado en la mente de las personas y no sólo es importante determinar si es cierto o no. Los ejemplos anteriores intentaban explicar que ese discurso tiene consecuencias y límites y se traduce en problemas cotidianos. Porque el Estado no es sólo un conjunto de instituciones, eficientes o no, sino también la mayor expresión de la voluntad de vivir juntos de acuerdo con unas reglas de convivencia social. Cuando se afirma que el Estado es el problema, que es demasiado grande y se le descuida hasta que termina maltratando a sus ciudadanos (calles malas, platinas, puentes que se caen, personas sin techo o comida), se está dinamitando la confianza de las personas, su voluntad de vivir juntos, de respetar las reglas. Y contribuye, junto con otras cosas, a que las personas piensen que lo mejor es salvarse a como haya lugar, despreciando al Otro. El Otro que llegó tarde al trabajo por las largas filas, el Otro que atropellaron porque no había acera, el Otro que asaltaron.
Prefiero creer que esa actitud de individualismo cínico, de sálvese quien pueda, no está presente en todos los costarricenses y que muchas veces actuamos movidos por otras fuerzas de convivencia social como la solidaridad, la amabilidad, la confianza y el respeto por el Otro. Pero también se debe comprender que las sociedades no son un mercado, ni son una suma de individuos aislados luchando unos contra otros por un beneficio privado, en el que gana el más fuerte. Porque si las sociedades se plantean así, se justifican así y las instituciones funcionan de acuerdo con esa dinámica, no debemos extrañarnos si un día nos toca perder en esta competencia. Porque como individuos aislados no podemos resolver los problemas que son comunes, porque su carro 4x4 no puede pasar por encima de la fila, porque los muros de su condominio nunca serán lo suficientemente altos, y sus armas nunca serán las más fuertes. Y sobre todo porque los “perdedores” en esta competencia son personas como usted, con rostros, sueños e ilusiones.
Lo reto a que busque más ejemplos de este comportamiento individualista en su vida cotidiana y si encuentra un candidato que le parece que tiene la solución a este problema le ruego que me escriba y me diga cuál es.
San José, 8 de enero de 2010.
Correo: felipealpizar@hotmail.com
miércoles, 2 de diciembre de 2009
El conflicto de Honduras en clave de fútbol
En San José, la tarde del pasado 18 de julio las duras negociaciones entre las dos delegaciones hondureñas tuvieron un breve momento de distensión cuando la selección de fútbol de Honduras venció por un gol al combinado de Canadá en la Copa de Oro. Según cuentan varios periodistas, en el operativo de seguridad, un policía con instinto político agudo y esa pícara malicia indígena tan centroamericana se preguntó: ¿el gol habrá sido de Micheletti o de Zelaya? Luego un editorialista de un periódico costarricense llamó a los hondureños a la unidad a partir de la gesta deportiva de su selección, que se debe enfrentar ahora a los Estados Unidos en semifinales (¡las vueltas que da la vida!).En efecto, el conflicto hondureño se podría entender en clave de fútbol, no en términos triviales, sino como una metáfora para explicar las raíces profundas del conflicto, esas que los analistas y los medios de comunicación pocas veces mencionan. Si se piensa por un momento en la situación política de Honduras como un equipo de fútbol de once jugadores tendríamos una alineación como sigue. En la portería, estaría un fuerte deportista, hijo de una chola hondureña y un militar estadounidense que ha permanecido en sus bases militares tanto tiempo que ya se adaptó al húmedo clima. Luego tendríamos tres jugadores más, digamos un defensa de nombre X, un mediocampista M y un delantero Z, que se alternan la banda de capitán. Estos tres provienen de la escuela de fútbol manejada por la oligarquía hondureña, es decir empresarios, militares y la cúpula religiosa- son fuertes, bien alimentados cuentan con todos los implementos deportivos y los lujos que se pueden tener en el mundo desarrollado. Los otros 7 jugadores hondureños son flacos, juegan descalzos, apenas pueden correr pero están en el equipo porque son necesarios para los otros tres, los capitanes. De esa forma, esta selección de fútbol de Honduras puede participar en los torneos internacionales,donde reciben migajas de la economía mundial y que obviamente se reparten solo entre los tres capitanes. El portero recibe una pensión del ejército de Estados Unidos, y los demás 7 jugadores, los pobres del equipo hacen milagros para comer, a veces venden chicles en las esquinas o trabajan como oficiales de seguridad en alguna compañía de los capitanes Z, X y M. Esto ha sido así por décadas, a pesar de las guerras centroamericanas, las dictaduras y el proceso de paz, nada cambió. Los mismos capitanes son los dueños del balón.
Un buen día, uno de estos capitanes tuvo la ingenua idea de preguntarles a los otros 7 jugadores si estaba bien que les preguntaran si querían cambiar las reglas del juego. De inmediato los otros dos capitanes saltaron al terreno de juego y lo acusaron de que no quería soltar el balón, lo ligaron a la selección de Venezuela y lo acusaron de comunista. Como el capitán Z siguió con sus intenciones preguntonas e hizo una finta de más sobre el terreno de juego, le hicieron una falta por detrás, le hablaron al árbitro para que le sacara tarjeta roja y lo montaron en un carrito de esos que saca a los jugadores del campo. Como los capitanes M y X de la mencionada escuela de fútbol son los que hacen las reglas del juego, eligen a los jueces, magistrados y congresistas, decidieron que lo que había hecho el capitán Z era ilegal. Ahora hay dos capitanes que alegan ser legítimos dueños del equipo. Una buena parte de la opinión pública de la región dice que está de acuerdo en que al capitán Z le cometieron una falta por detrás, pero inmediatamente dicen que él se lo buscó por preguntón y por hacer tanta finta. Detrás de ese razonamiento se esconde una preocupante idea antidemocrática de que frente al disenso podría ser justificado el golpe de estado, la falta por detrás a Maradona o la violación de la joven pues ella tuvo la culpa por nacer bonita.
Mientras tanto, los 7 flacos jugadores hondureños siguen en la misma miseria de siempre,uno de los tres países más pobres en la región más desigual del mundo. Nadie habla de ellos,ni de las condiciones estructurales que los mantienen descalzos y desnutridos. Nadie habla de que las razones que llevaron a la guerra en Centroamérica siguen latentes. Más allá de la guerra fría, el comunismo o Chávez, lo que realmente importa es que las transiciones a la democracia realizadas desde las élites no han sabido incluir a la población en el proceso democrático y en el reparto de los beneficios del desarrollo. No existe un Estado de Bienestar en Honduras, eso es casi una utopía, los índices de desarrollo humano son lamentables y la pobreza sigue afectando a cerca de la mitad de la población. Eso no es poca cosa y no se puede llamar a la unidad de Honduras sin tomar en cuenta esto. El conflicto de Honduras, más allá de la metáfora futbolística, se debe entender como una crisis muy seria, producto de las dinámicas de exclusión que imperan en la región. Cualquier intento por cambiar esta lógica, sean bien o mal planteados, se enfrentarán con los detentadores del poder político, económico y militar en Honduras. Mientras las élites hondureñas se sigan comportando como los dueños del balón, sigan haciendo las reglas sólo para defender sus prerrogativas y sigan privando a la mayoría de los hondureños de un nivel de vida digno, los conflictos continuarán. Zelaya podría volver al poder, ojalá que así sea, pero mientras las élites oligárquicas de Honduras no cambien o sean obligadas a cambiar, todo seguirá igual.
Los 7 flacos jugadores hondureños tendrán que buscar fuerzas donde no las hay para terminar el partido, ojalá puedan. Más aún, ¿no sería mejor y más democrático que ellos mismos tuvieran la capacidad y la oportunidad de decidir cómo quieren seguir jugando el partido de sus hasta ahora empobrecidas vidas?
Felipe Alpízar R.
San José de Costa Rica,22 de julio de 2009.
Un buen día, uno de estos capitanes tuvo la ingenua idea de preguntarles a los otros 7 jugadores si estaba bien que les preguntaran si querían cambiar las reglas del juego. De inmediato los otros dos capitanes saltaron al terreno de juego y lo acusaron de que no quería soltar el balón, lo ligaron a la selección de Venezuela y lo acusaron de comunista. Como el capitán Z siguió con sus intenciones preguntonas e hizo una finta de más sobre el terreno de juego, le hicieron una falta por detrás, le hablaron al árbitro para que le sacara tarjeta roja y lo montaron en un carrito de esos que saca a los jugadores del campo. Como los capitanes M y X de la mencionada escuela de fútbol son los que hacen las reglas del juego, eligen a los jueces, magistrados y congresistas, decidieron que lo que había hecho el capitán Z era ilegal. Ahora hay dos capitanes que alegan ser legítimos dueños del equipo. Una buena parte de la opinión pública de la región dice que está de acuerdo en que al capitán Z le cometieron una falta por detrás, pero inmediatamente dicen que él se lo buscó por preguntón y por hacer tanta finta. Detrás de ese razonamiento se esconde una preocupante idea antidemocrática de que frente al disenso podría ser justificado el golpe de estado, la falta por detrás a Maradona o la violación de la joven pues ella tuvo la culpa por nacer bonita.
Mientras tanto, los 7 flacos jugadores hondureños siguen en la misma miseria de siempre,uno de los tres países más pobres en la región más desigual del mundo. Nadie habla de ellos,ni de las condiciones estructurales que los mantienen descalzos y desnutridos. Nadie habla de que las razones que llevaron a la guerra en Centroamérica siguen latentes. Más allá de la guerra fría, el comunismo o Chávez, lo que realmente importa es que las transiciones a la democracia realizadas desde las élites no han sabido incluir a la población en el proceso democrático y en el reparto de los beneficios del desarrollo. No existe un Estado de Bienestar en Honduras, eso es casi una utopía, los índices de desarrollo humano son lamentables y la pobreza sigue afectando a cerca de la mitad de la población. Eso no es poca cosa y no se puede llamar a la unidad de Honduras sin tomar en cuenta esto. El conflicto de Honduras, más allá de la metáfora futbolística, se debe entender como una crisis muy seria, producto de las dinámicas de exclusión que imperan en la región. Cualquier intento por cambiar esta lógica, sean bien o mal planteados, se enfrentarán con los detentadores del poder político, económico y militar en Honduras. Mientras las élites hondureñas se sigan comportando como los dueños del balón, sigan haciendo las reglas sólo para defender sus prerrogativas y sigan privando a la mayoría de los hondureños de un nivel de vida digno, los conflictos continuarán. Zelaya podría volver al poder, ojalá que así sea, pero mientras las élites oligárquicas de Honduras no cambien o sean obligadas a cambiar, todo seguirá igual.
Los 7 flacos jugadores hondureños tendrán que buscar fuerzas donde no las hay para terminar el partido, ojalá puedan. Más aún, ¿no sería mejor y más democrático que ellos mismos tuvieran la capacidad y la oportunidad de decidir cómo quieren seguir jugando el partido de sus hasta ahora empobrecidas vidas?
Felipe Alpízar R.
San José de Costa Rica,22 de julio de 2009.
sábado, 24 de enero de 2009
La comunidad de Tayni
Hace un año tuve la oportunidad de conocer a un grupo de gente maravillosa, sencilla, trabajadora, con contradicciones, sensible a los demás pero sobre todo con ganas de mejorar.
Aquí, desde Madrid, tan lejos de Tayni, (ese pueblo del caribe que los turistas ni siquieran imaginan que existe en las montañas que ven desde un bar en Cahuita) a menudo me acuerdo de ellos. Sobre todo cuando leo a los "grandes teóricos": acción comunicativa, capital social, gobernanza; o cuando oigo a Obama haciendo un llamado a la era de la responsabilidad. Jaja, muy bonito, sí, me alegra mucho pero lo que más me alegra es saber que existe un grupo de gente que está haciendo esas cosas y más. Tienen poca educación "formal" pero saben de cosas que nosotros no sabemos, tienen conflictos, hay envidias, críticas, sí, de por sí pretender que el desarrollo o la democracia son posibles sólo en paz, es ridículo. Hoy leo en la Nación que han abierto un supermercado en Gavilán y me acuerdo de los sueños que ellos expresaron así:
“…quisiéramos ver nuestra comunidad dentro de los años siguientes con buenos puentes, buenas carreteras, clínicas, colegios, supermercados, universidades, con personas de las siguientes capacidades: doctores, licenciados, maestros, profesores, ingenieros”
Y me acuerdo como siempre de Ángel González diciendo adónde está la esperanza: "jamás en el lugar de la derrota, jamás en el dominio de la conformidad, donde la vida se doblega nunca."
Don Ángel, permitame con todo respeto corregirlo, ese lugar también está en Tayni, al final de Valle de la Estrella, pasando el río, en medio de las montañas de Talamanca.
Pd: se puede leer más sobre Tayni en: "Participación ciudadana y sostenibilidad ambiental como camino al desarrollo".
http://www.nacion.com/ln_ee/2009/enero/24/pais1850700.html y
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